Artículo publicado en la sección de Opinión el 8 de mayo en la página 28 del periódico La provincia de Las Palmas de Gran Canaria
Desde hace poco tiempo, llevamos
leyendo noticias sobre la incorporación de Mossos d’Escuadra en determinados
institutos de la Comunidad Autónoma de Cataluña.
La noticia señala que se
implementarán en 14 institutos y que, por otro lado, existe una alta demanda de
centros pidiendo este apoyo o refuerzo de autoridad, para que se pueda seguir
realizando el proceso educativo normal a lo largo de una jornada lectiva.
Ante algunas protestas que se
han producido en los centros y medios de comunicación, hay institutos que han
dado marcha atrás, pero que han sido sustituidos por otros que también lo
demandaban. Ante esa decisión, ahora comienzan algunos a echarse las manos a la
cabeza y a preguntarse ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Y otros se hacen otro
tipo de pregunta como: ¿Cuándo llegará esta medida a nuestro centro?
En España llevamos más de 20
años en algunas Comunidades Autónomas con la figura del Agente Tutor, pero por
lo visto a pesar de las buenas intenciones de los mismos, es insuficiente para
atajar la realidad que se está viviendo en algunos centros escolares y sus
entornos más inmediatos.
Lo cierto es que todo parte de
una realidad que se puede hacer extensiva a toda nuestra civilización
occidental, no es una cuestión exclusiva de España, sino de una cultura que
evoluciona y que no se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos que nos está
tocando vivir y con unas reglas que son del siglo pasado y que todo esto nos está
comenzando a explotar en las manos, porque no existe una respuesta global a
todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, nos está cogiendo con el paso
cambiado y sin un atisbo que se reconduzca todo esto, puesto que los grandes
perjudicados siempre van a ser los alumnos y alumnas.
Lo cierto es que no tenemos solución
a todo lo que está sucediendo en nuestra sociedad, esto es como el pez que se
muerde la cola y a la vez es un círculo vicioso del que no sabemos salir,
porque no hemos puesto las bases para salir de este vacío. El miedo no es la
solución. Los colegios son reflejo de lo que ocurre en la sociedad, si lo que
se percibe en el entorno de las familias es violencia física y verbal, precariedad
laboral, pavor a perder la vivienda, incertidumbre con el futuro de los hijos y
de las propias familias, dificultades para llegar a fin de mes y un largo
etcétera.
Ahora situemos a un
adolescente dentro de este potaje, en un entorno familiar y escolar en el que se
encuentra por obligación, porque es lo que toca, con unos docentes que deben
acompañarlos en todo el proceso educativo y trabajar con ellos durante una
jornada lectiva a lo largo de 175 días al año para formarlos y prepararlos para
el futuro que les espera, sin tener la certeza de lo que viene. Docentes que,
en muchos casos, solo tienen la formación académica para impartir los
contenidos de las materias por las que se les contrataron, no para controlar y
lidiar alumnos que se rebelan contra ellos mismos y contra el sistema más
cercano y que ven al docente como representante del sistema y de la autoridad
con todas sus consecuencias y que estos docentes, se encuentran indefensos ante
agresiones y faltas de respeto de determinados alumnos y de sus familias, sin
verse apoyado por una administración educativa altamente burocratizada, en
donde todo está protocolizado, para intentar salvaguardar los derechos de los menores
y de los docentes, pero lo cierto es que muy pocas veces se consigue algo
positivo de todas las intervenciones que se realizan para corregir conductas
que alteren el respeto en las aulas. Todos se quieren cubrir las espaldas, para
que no les salpique nada.
No todos los profesores que
están en las aulas, tienen las herramientas personales y profesionales para
atender cualquier situación conflictiva que se produce en las aulas y si fuera
por muchos, les gustaría tener a la Policía Nacional o a la Guardia Civil en su
aula para poder hacer el trabajo que se les ha encomendado.
Como siempre digo cuando
intentamos comprender lo que está sucediendo en estos momentos, es muy
complicado, culpables somos todos y nadie puede tirarla primera piedra, pero es
urgente solucionarlo de la mejor manera posible, en el que todos aprendan lo
que está bien y lo que está mal para no repetirlo.
Los adolescentes son eso,
adolescentes educados o maleducados que están en un entorno que no es de su
agrado, pues se le exigen obligaciones, responsabilidades, trabajo personal,
espíritu de sacrificio, que admitan la supervisión de un adulto permanentemente
y no entiende por qué tienen que estudiar una serie de asignaturas, que según
ellos no les van a servir para nada con lo que tienen soñado hacer en el
futuro. Les duele que les lleven la contraria, porque su verdad es la ley y que
no conciben a la autoridad del profesor como válida porque les impedirles hacer
lo que ellos quieren, y si me apuran hasta la autoridad de sus padres que les
exigen también obligaciones en casa.
Es cierto que esta etapa de la
vida (adolescencia) dura unos años, pero que para las familias y los docentes
de estos cursos que “los están sufriendo”, parece un calvario que dura
toda una vida, y que para los profesores, se repite año tras año y cada añada que
entra en el mes de septiembre está más complicada, porque además los profesores
sienten que cada vez tienen menos apoyo de los padres de esos adolescentes para
erradicar las conductas inadecuadas que aparecen en el aula o en los patios de
los colegios.
Para muchísimas familias
cuando llegan sus hijos/as a la edad de la adolescencia para muchos es como si
entraran en la Universidad, se desentienden de ellos, para evitar
enfrentamientos directos por otros temas distintos a los habituales de casa que
supongan responsabilidades en el hogar, salvo que les llamen del colegio por
algún tema puntual en el que su hijo/a esté afectado como protagonista del
hecho inadecuado o como víctima.
En algún momento tendremos que
hacer una parada para reconducir toda esta situación que estamos viviendo y
señalar el camino a seguir en todo lo que se refiere a la manera de trabajar en
una sociedad democrática y de respeto a las personas y los valores de libertad
y respeto que hacen que podamos convivir en paz. Tenemos que ser consciente que
todos hemos pasado esa etapa que se llama adolescencia y cada generación ha
luchado contra todo lo que supone la autoridad a su manera, y ahora los medios
y herramientas que les hemos puesto en sus manos, son auténticas bombas de
relojería con las redes sociales y todo lo que acompaña.
No esperemos a que tengan que
venir desde fuera al entorno educativo (familia y colegio), para que nos den
las pautas de funcionamiento de nuestras relaciones sociales y personales.
Maduremos, seamos humildes y exijamos a quien tengamos que hacerlo que nos
ayuden a ser una sociedad más civilizada y respetuosa con las personas que nos
rodean, reconozco que pedir eso a un adolescente es un poco complicado y casi
una utopía.
"La perfección de las líneas" Ignacio Pardo Luzardo 2012


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