viernes, 8 de mayo de 2026

POLICIAS EN LAS AULAS

 


                                "Nos queda mucho camino por delante" Ignacio Pardo 2022


Artículo publicado en la sección de Opinión el 8 de mayo en la página 28 del periódico La provincia de Las Palmas de Gran Canaria

Desde hace poco tiempo, llevamos leyendo noticias sobre la incorporación de Mossos d’Escuadra en determinados institutos de la Comunidad Autónoma de Cataluña.

La noticia señala que se implementarán en 14 institutos y que, por otro lado, existe una alta demanda de centros pidiendo este apoyo o refuerzo de autoridad, para que se pueda seguir realizando el proceso educativo normal a lo largo de una jornada lectiva.

Ante algunas protestas que se han producido en los centros y medios de comunicación, hay institutos que han dado marcha atrás, pero que han sido sustituidos por otros que también lo demandaban. Ante esa decisión, ahora comienzan algunos a echarse las manos a la cabeza y a preguntarse ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Y otros se hacen otro tipo de pregunta como: ¿Cuándo llegará esta medida a nuestro centro?

En España llevamos más de 20 años en algunas Comunidades Autónomas con la figura del Agente Tutor, pero por lo visto a pesar de las buenas intenciones de los mismos, es insuficiente para atajar la realidad que se está viviendo en algunos centros escolares y sus entornos más inmediatos.

Lo cierto es que todo parte de una realidad que se puede hacer extensiva a toda nuestra civilización occidental, no es una cuestión exclusiva de España, sino de una cultura que evoluciona y que no se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos que nos está tocando vivir y con unas reglas que son del siglo pasado y que todo esto nos está comenzando a explotar en las manos, porque no existe una respuesta global a todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, nos está cogiendo con el paso cambiado y sin un atisbo que se reconduzca todo esto, puesto que los grandes perjudicados siempre van a ser los alumnos y alumnas.

Lo cierto es que no tenemos solución a todo lo que está sucediendo en nuestra sociedad, esto es como el pez que se muerde la cola y a la vez es un círculo vicioso del que no sabemos salir, porque no hemos puesto las bases para salir de este vacío. El miedo no es la solución. Los colegios son reflejo de lo que ocurre en la sociedad, si lo que se percibe en el entorno de las familias es violencia física y verbal, precariedad laboral, pavor a perder la vivienda, incertidumbre con el futuro de los hijos y de las propias familias, dificultades para llegar a fin de mes y un largo etcétera.

Ahora situemos a un adolescente dentro de este potaje, en un entorno familiar y escolar en el que se encuentra por obligación, porque es lo que toca, con unos docentes que deben acompañarlos en todo el proceso educativo y trabajar con ellos durante una jornada lectiva a lo largo de 175 días al año para formarlos y prepararlos para el futuro que les espera, sin tener la certeza de lo que viene. Docentes que, en muchos casos, solo tienen la formación académica para impartir los contenidos de las materias por las que se les contrataron, no para controlar y lidiar alumnos que se rebelan contra ellos mismos y contra el sistema más cercano y que ven al docente como representante del sistema y de la autoridad con todas sus consecuencias y que estos docentes, se encuentran indefensos ante agresiones y faltas de respeto de determinados alumnos y de sus familias, sin verse apoyado por una administración educativa altamente burocratizada, en donde todo está protocolizado, para intentar salvaguardar los derechos de los menores y de los docentes, pero lo cierto es que muy pocas veces se consigue algo positivo de todas las intervenciones que se realizan para corregir conductas que alteren el respeto en las aulas. Todos se quieren cubrir las espaldas, para que no les salpique nada.

No todos los profesores que están en las aulas, tienen las herramientas personales y profesionales para atender cualquier situación conflictiva que se produce en las aulas y si fuera por muchos, les gustaría tener a la Policía Nacional o a la Guardia Civil en su aula para poder hacer el trabajo que se les ha encomendado.

Como siempre digo cuando intentamos comprender lo que está sucediendo en estos momentos, es muy complicado, culpables somos todos y nadie puede tirarla primera piedra, pero es urgente solucionarlo de la mejor manera posible, en el que todos aprendan lo que está bien y lo que está mal para no repetirlo.

Los adolescentes son eso, adolescentes educados o maleducados que están en un entorno que no es de su agrado, pues se le exigen obligaciones, responsabilidades, trabajo personal, espíritu de sacrificio, que admitan la supervisión de un adulto permanentemente y no entiende por qué tienen que estudiar una serie de asignaturas, que según ellos no les van a servir para nada con lo que tienen soñado hacer en el futuro. Les duele que les lleven la contraria, porque su verdad es la ley y que no conciben a la autoridad del profesor como válida porque les impedirles hacer lo que ellos quieren, y si me apuran hasta la autoridad de sus padres que les exigen también obligaciones en casa.

Es cierto que esta etapa de la vida (adolescencia) dura unos años, pero que para las familias y los docentes de estos cursos que “los están sufriendo”, parece un calvario que dura toda una vida, y que para los profesores, se repite año tras año y cada añada que entra en el mes de septiembre está más complicada, porque además los profesores sienten que cada vez tienen menos apoyo de los padres de esos adolescentes para erradicar las conductas inadecuadas que aparecen en el aula o en los patios de los colegios.

Para muchísimas familias cuando llegan sus hijos/as a la edad de la adolescencia para muchos es como si entraran en la Universidad, se desentienden de ellos, para evitar enfrentamientos directos por otros temas distintos a los habituales de casa que supongan responsabilidades en el hogar, salvo que les llamen del colegio por algún tema puntual en el que su hijo/a esté afectado como protagonista del hecho inadecuado o como víctima.

En algún momento tendremos que hacer una parada para reconducir toda esta situación que estamos viviendo y señalar el camino a seguir en todo lo que se refiere a la manera de trabajar en una sociedad democrática y de respeto a las personas y los valores de libertad y respeto que hacen que podamos convivir en paz. Tenemos que ser consciente que todos hemos pasado esa etapa que se llama adolescencia y cada generación ha luchado contra todo lo que supone la autoridad a su manera, y ahora los medios y herramientas que les hemos puesto en sus manos, son auténticas bombas de relojería con las redes sociales y todo lo que acompaña.

No esperemos a que tengan que venir desde fuera al entorno educativo (familia y colegio), para que nos den las pautas de funcionamiento de nuestras relaciones sociales y personales. Maduremos, seamos humildes y exijamos a quien tengamos que hacerlo que nos ayuden a ser una sociedad más civilizada y respetuosa con las personas que nos rodean, reconozco que pedir eso a un adolescente es un poco complicado y casi una utopía.








                                               "La perfección de las líneas" Ignacio Pardo Luzardo 2012

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