sábado, 5 de mayo de 2018

EL SÍNDROME “BURNOUT” EN EDUCACIÓN.

Cámara de los esposos en el Palacio Ducal de Mantua. Italia. Obra de Andrea Mantegna realizada entre los años 1465 y 1474.


Articulo publicado en las páginas 30 y 31 de la sección de Opinión del periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria.


Nada es inmutable y los cambios están afectando a todos los ámbitos del mundo que nos está tocando vivir.
Pedimos modelos positivos que se deben imitar, exigimos a los responsables de educar a nuestros hijos en todos los campos de la sociedad, que pongan lo mejor de cada uno para preparar a las nuevas generaciones, pero también tenemos que ser conscientes que no todo el mundo ve lo mismo ante una misma situación y como consecuencia, tomamos medidas en unos casos acertadas y en otros equivocadas.
Dudamos tanto del criterio de los profesionales, que hasta en el futbol y el tenis se han tenido que tomar soluciones técnicas, por las equivocaciones de los árbitros, ¿y en el resto de las profesiones?, ¿qué ocurre con las actuaciones erróneas o inadecuadas de los médicos, jueces, fiscales, ingenieros, arquitectos, conductores, educadores, etc.?
No vale con un simple” lo siento, me equivoqué, no volverá a suceder” como nos dijo nuestro rey emérito.
Con cada profesión los errores humanos tienen consecuencias distintas, más o menos desastrosas para el resto de los seres que se vean afectados por sus decisiones o actuaciones.
Para evitar cometer equivocaciones, no es muy difícil decir a cada uno lo que tiene que hacer, si es capaz en primer lugar de reconocer y asumir los errores para erradicarlos, pero hay que decir que si existe algo común a todas las profesiones para evitar cometer desaciertos, indispensable es ser responsable en todas sus actuaciones, previendo las posibles consecuencias  de sus acciones y  eso conlleva por ejemplo en la profesión docente de una formación permanente, ponerte siempre en lugar del otro con una escucha activa, una atención individualizada tanto a los alumnos, como a las familias y compañeros, tener una actitud constructiva y positiva hacia los alumnos y por otro lado, tener la humildad necesaria para reconocer las limitaciones que tiene cada uno y si se le ofrece algo que no sabe desarrollarlo, derivarlo a quien lo sepa hacer, hasta que aprenda a realizarlo.
Cuando un docente se equivoca en el trabajo que realiza con los alumnos de forma inconsciente o por ignorancia es malo, peor es aquel profesor que siendo consciente de sus limitaciones como educador, continua su labor con los alumnos, eso es irreparable. Recuerdo el diálogo de la película Buscando a Forrester dirigida por Gus van Sant  cuando dice:” Hay profesores amargados o frustrados que pueden ser muy efectivos o muy peligrosos
Del mismo modo ocurre con aquellas familias que no saben o no quieren inculcar a sus hijos el afecto, los valores positivos, las habilidades sociales, el respeto hacia los demás y hacia sí mismo, marcar los límites propios de cada edad porque consideran que eso no es función de los padres, pero no se dan cuenta que todo ello son conductas y valores necesarios para poder desenvolverse los niños en los distintos entornos en los que tendrá que vivir.
Cuando nos entrará en la cabeza a todos, que la labor de los docentes es tan importante como la que deben hacer los padres en casa con sus hijos, de ahí la necesidad de tener una comunicación constructiva, directa, fluida y abierta entre ambos sin buscar culpables, ni reprimendas cuando se trate de sus hijos.
La pieza clave de todo está en la humildad constructiva de las personas que ejercen en todos los sectores relacionados con seres humanos , como ocurre en la educación de los alumnos, pero si además cada uno hace su trabajo correctamente y lo que le corresponde según el nivel de cercanía al niño, todo comienza a encauzarse. Hay cosas que corresponden a las familias de forma ineludible y otras a los docentes, no mezclemos por intereses puntuales en situaciones concretas las responsabilidades de cada uno.
Hoy en día todo el mundo presume ante cualquiera saber de educación y de deportes, inclusive más que los propios profesionales y encima lo expresan con prepotencia, que nunca es buena consejera, más bien lo contrario, quizás sea esa prepotencia una de las grandes culpables de las grandes equivocaciones en todos los aspectos de la vida, el “venir de sobrados por la vida” con aquella frase famosa: “que me vas a enseñar que no sepa yo”, desde el momento que eres capaz de pensarla, ya estás cometiendo un error y si además tienes las agallas de aplicarla, ya el calificativo sería como mínimo la decepción personal y profesional.
Yo no soy quien para decir lo que debe hacer un profesional de la docencia con la cantidad de situaciones puntuales que están surgiendo en las aulas con los alumnos y fuera de ellas con las familias. Sabemos lo que se ha logrado hasta la fecha, provocar una generación de profesores quemados por verse desamparados por la situación actual de inseguridad profesional, en la que no se sienten respaldados por las familias a las que se supone que están educando a sus hijos y que los docentes sienten, que hagan lo que hagan para que aprendan, no consiguen que sus alumnos alcancen las competencias y estándares de aprendizaje deseados para su edad, algunos docentes piensan que solo les falta vestirse de faralaes para conseguir su atención y conseguir los objetivos programados.
Los cambios tan drásticos que se han producido a lo largo de estos últimos 50 años en nuestro país han hecho que se transforme todo, en donde la globalización en el mundo, la incorporación de la mujer al mundo laboral, el acceso a internet, redes sociales, comunicaciones accesibles inmediatas de forma generalizada en todos los ámbitos y las nuevas tecnologías, están sentando las bases para entender una nueva forma de ver y entender a nuestra sociedad. Es asombroso como las decisiones que se puedan tomar en una parte del mundo, hacen cambiar al resto de los países en todos los ámbitos en el que nos desenvolvemos, seas o no de la misma área de influencia.
Conchas exóticas obra de Clara Peeters 


martes, 30 de enero de 2018

TODO PARA LOS PADRES, PERO SIN LOS PADRES

Expulsión de San Joaquín del templo. Obra de Domenico Ghirlandaio 1490. Fresco de la capilla Tornabuoni.


Publicado el 30 de enero de 2018 en la sección de opinión del periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria

Los educadores llevamos muchos años pidiendo que se tenga en cuenta de forma clara y evidente en la educación de este país, a las personas que intervenimos directamente en ella y que, por nuestra experiencia y conocimientos, podemos aportar otra visión que sirva de apoyo a la que tienen los políticos.
La realidad es que como el resto de las profesiones que tienen contacto directo con personas de un abanico amplio de edades, los docentes nos encontramos en el punto de mira de todos, de los alumnos como es lógico, porque exigimos que se esfuercen por adquirir unas capacidades y conocimientos necesarios para el futuro, y eso implica sacrificio personal y constancia, valores que están siendo denostados porque supone seguimiento en casa y eso puede “resultar muy duro” para algunas familias, que dejan de hacer lo que tienen previsto de interés exclusivo para el padre o la madre.
Hoy los niños toman determinadas decisiones que pueden llegar a ser disruptivas sin intencionalidad, para llamar la atención y que se fijen en ellos, porque en muchas ocasiones se les considera como un elemento más de la casa sin connotaciones afectivas, que pueden llegar a estorbar, porque se inmiscuyen en la vida/relación de la pareja.
Lo más lamentable es que nadie puede tirar la primera piedra, pues todos adolecen de algo cuando se trata de educar a sus hijos, siempre vamos a cojear y sobre todo cuando nos falta la humildad para reconocer los errores que cometemos, por lo que estamos condenados a repetirlos.
Todo lo que hacemos los padres delante de los hijos tiene trascendencia en casa, en la calle, en el colegio, en el ámbito privado, como en el ámbito público y social, un gesto amable, una bronca, el tiempo que dedico a la familia, lo que hablo y cuanto hablo con mis hijos, la búsqueda de tiempo para hacer mis cosas sin contar con la familia, mientras los hijos están despiertos y necesitan cariño, atención, comprensión, que se les escuche y sobre todo que entiendan que se les quiere, aunque se les llame la atención, porque se les reprende porque les queremos y son lo más importante para los padres.
Cuanta falta hace una escuela de padres, que se les diga a los progenitores lo equivocados que están cuando realizan determinadas actuaciones delante de sus hijos como son:
·         Discutir delante de ellos.
·         Cuestionar delante de los hijos cualquier aspecto relacionado con decisiones que no están conformes sobre actuaciones del colegio o cualquier docente y no docente del centro educativo en el que está su hijo.
·         Utilizar las redes sociales con otros grupos de padres plasmando información sin contrastar con las fuentes originales, para poner a la altura de betún las decisiones del colegio y a los docentes que están educando a su hijo.
·         Inmiscuirse en conflictos de niños que siempre se solucionan entre ellos en poco espacio de tiempo, generando problemas entre familias por haberse precipitado en actuaciones innecesarias entre adultos, que luego generan enfrentamientos innecesarios.
·         Sobreproteger a los hijos impidiendo que se desarrollen y evolucionen aprendiendo de sus errores y fracasos, entendiendo que esos fracasos o fallos, siempre sirven como un proceso de enseñanza personal único.
·         Estar y apoyar a los hijos cuando verdaderamente lo necesitan, queriéndoles y sabiendo poner los límites propios de cada edad.
·         Proteger a los hijos para que no sufran innecesariamente cuestiones que son decisiones de sus progenitores.
·         No utilizar a los hijos como moneda de cambio cuando los padres  deciden  por el motivo que sea separarse o divorciarse. No son cosas o animales que entran en un paquete de reparto, son personas que requieren cariño y respeto. Lo que no hagamos con ellos correctamente, pasará factura en el futuro.
·         Disfrutar de los hijos y de la familia diciéndoles realmente los sentimientos que sienten hacia los hijos y por ello no eres más débil, más bien al contrario.
Hoy en día los docentes lo tienen cada vez más complicado, porque además de intentar educar a los hijos, también hay que educar a sus padres, para que valoren el esfuerzo humano que hacen los educadores para formar y sacar hacia adelante a estos seres humanos no solo para que aprendan, sino para que también sean mejores personas.
Reconducir esta situación es compleja con el panorama nacional e internacional que tenemos, pues ni siquiera a nivel institucional existe un apoyo hacia el docente de forma clara, más bien por evitar problemas que puedan llegar a través de la amenaza de la judicialización, y le dan la razón directamente a la familia sin escuchar al docente que sufre la presión diaria de la familia con sus mensajes y amenazas.
Me preocupa a mi desde mi rincón del aula que lo siento cada día y el resto de docentes comprometidos con la educación que son la mayoría, la evolución que se está produciendo en los centros educativos, en donde hay algunos padres excesivamente protectores (en el mal sentido de la expresión), que son capaces de agredir físicamente o psicológicamente a las personas que están educando a sus hijos.
Nos debe preocupar a todos, lo que los docentes vemos en un porcentaje que va creciendo cada día desde nuestras aulas y es como vienen los niños desde casa, niños cada vez más desubicados y con un alto desarraigo hacia la necesidad del aprendizaje, porque no saben ver más allá del día a día, por lo que no saben afrontar el futuro con las herramientas mínimas.

Por desgracia cada vez aumenta el nivel de intolerancia a los toques de atención personales en los niños para corregir las equivocaciones, aunque es cierto que todavía quedan personas que son humildes y reconocen que tienen dificultades para educar a sus hijos y piden ayuda a los profesionales que están cada día con sus hijos, pero por desgracia está in crescendo los que se van al lado oscuro por ignorancia o comodidad, sin ver sus consecuencias.
Jesús entre los doctores, obra de Alberto Durero. 1506

jueves, 18 de enero de 2018

¡MI HIJO NO MIENTE!

Dña. Catalina de Austria, mujer de Juan III de Portugal. Obra de Antonio Moro 1552-1553. Museo del Prado

Publicado el jueves 18 de enero en la sección de opinión del periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria y el domingo 21 de enero en la seccion de opinion del periodico La Opinión de Tenerife.

Hay que reconducir tantas situaciones en general, que la verdad ya queda poco espacio para el asombro con lo que estamos viviendo en todos los ámbitos de la sociedad, y que tenemos que aprender a manejarnos de forma adecuada y eficaz ante estas nuevas realidades que nos van sobreviniendo. Lo que está cada vez más claro pensando en nuestro futuro, es que debemos ayudar todos a los padres y madres de las nuevas generaciones en las que sus descendientes están en edad de formarse, para que les enseñen a ser buenas personas y sepan afrontar las realidades que viven y que aprendan a discernir lo constructivo y positivo entre tantos estímulos, lo que son asuntos de niños, de los asuntos de adultos, para que dejen vivir la infancia a sus hijos con las características propias de cada edad, adaptándose a los nuevos tiempos y no se intente adelantar unas experiencias y contenidos para los que no tienen la suficiente madurez, ni comprensión.
Dentro del reino de la subjetividad en que vivimos, es lamentable cómo algunas familias toman como verdad absoluta una opinión o juicio de valor que  ha realizado su hijo menor sobre un incidente, acto o actuaciones puntuales relacionados con su educación, sin contrastar con el educador adulto, pues el niño, como menor que es, adaptará la versión de lo sucedido en función de su necesidad inmediata (evitar que le regañen en la mayoría de los casos).
Hace unos meses en una reunión con un padre, en la que se le mostraban informes contrastados de varios educadores, en el que señalaban que su hija había insultado a su tutora y a otra profesora, y el padre lejos de pedir disculpas por la conducta de su hija y de manifestar que tomaría las medidas oportunas para que no se volviera a repetir, dice que no es cierto lo que la tutora y la profesora han dicho, que él  se queda con la versión de su hijo, porque ¡su hijo no miente! De este hecho, podríamos sacar muchas lecturas relativas a la educación que están viviendo muchos hijos en sus casas, núcleo fundamental en la educación y que luego se pretende que aprendan en los centros educativos. El exceso de protección perjudica tanto a los hijos, que los resultados del mismo se verán a corto plazo como señala Javier Elzo: “El sobreproteccionismo es un modelo de familia en el que los padres colocan a sus hijos en un pedestal, los miman en exceso, deciden en todo por ellos, dificultando su necesaria autonomización y separación de los padres”   Jóvenes y valores. La clave para la sociedad del futuro. Estudio para la Obra Social de la Fundación de La Caixa.
Estamos acostumbrándonos demasiado a la mentira y a cuestionar absolutamente todo aquello que no me interesa, si está relacionado con la responsabilidad del adulto de transmitir valores como es la verdad y que además suponga dedicar un tiempo extra para educar verdaderamente a los hijos en la transparencia e inculcarles la responsabilidad de asumir los hechos cometidos por cada uno.
Tenemos que hacer desaparecer esa costumbre que se ha instaurado en nuestra sociedad alegando que todo es libertad de expresión y que todo vale, que cada persona puede expresar libremente lo que le venga en gana sin justificación, ni contrastar su afirmación, simplemente diciendo: “según mi opinión” o “a mi entender”, y terminando la conversación  cada uno: “pues eso es lo que pienso yo” y así damos por finalizado el debate. La falta de conocimiento en algunos casos, por no decir ignorancia intencionada, ha llevado a muchas personas a mantener posturas intransigentes ante evidencias por no asumir  los hechos y sus consecuencias, por la comodidad y cabezonería.
Pero ya nos hemos familiarizado con la mentira y la subjetividad engañosa a unos niveles tan altos, que intentar potenciar el valor de defender la verdad y lo objetivo, no tiene sentido y así muchas familias se lo están transmitiendo a sus hijos.
La mayoría de los modelos que estan viviendo cada día tanto las familias como sus hijos son erróneos y perjudiciales, teniendo que remarcar que esos no son el buen ejemplo de lo que queremos repetir para las futuras generaciones. Parece difícil hacer lo correcto, pero no lo es, solo es cuestión de una verdadera voluntad por querer hacer las cosas bien para el futuro de sus hijos.

Todos se llenan la boca diciendo que el futuro de una sociedad está en la educación, pero en nuestra querida España, vemos como entre todos la están matando y ella sola se está muriendo.
Retrato de Eduardo VI príncipe de Gales. Obra de Hans Holbein el Joven.


martes, 28 de marzo de 2017

EL PROTECCIONISMO MAL ENTENDIDO

El baile de las cuatro bretonas 1886, obra de Eugene Henri Paul Gauguin

Artículo publicado en la sección de opinión en el periódico La Provincia el día 28 de marzo de 2017


Cada uno de nosotros ha intentado educar a nuestros hijos de la mejor manera que hemos entendido, buscamos lo mejor para ellos, eso no significa que sea lo más sofisticado, ni lo más adecuado o conveniente en ese momento, y que pueda ayudarle a forjar su futuro de forma constructiva.
Si hiciéramos un símil de la vida con un tablero de ajedrez, a veces algunos padres quieren que sus hijos se salten algunas casillas del tablero de la vida, intentando facilitarle aspectos que debe vivir cada persona y que no sirve para nada, que los padres quieran eliminar sufrimientos y experiencias que son necesarias para forjar el carácter y las conductas del individuo. Al final vemos como la vida nos hace volver al punto de partida, hasta que no aprendemos en propia piel, aquellas vivencias y experiencias que son verdaderamente necesarias para pasar a la siguiente casilla.
El exceso de proteccionismo que estamos viviendo y viendo en las familias hacia sus hijos, pasará una factura al cobro cuando pase el tiempo y los hijos tengan que tomar decisiones importantes y no hayan alcanzado la madurez, ni la autonomía suficiente, al haber estado supeditado siempre a las decisiones de sus progenitores.
Todas esas familias protectoras en exceso de sus hijos piensan que haciendo los padres cosas que debería corresponder hacer a los hijos, les van a mejorar la calidad de vida, sin darse cuenta del perjuicio que les están produciendo a largo plazo, impidiendo que asuman las responsabilidades, deberes y obligaciones que tienen que asumir cada uno con su edad, sin ir más lejos hoy en día en la universidad ya se ven a padres acompañando a sus hijos en las revisiones de exámenes, ¿cuándo se les va a dejar a los jóvenes que se equivoquen y aprendan de sus errores, para llegar algún día a ser independientes?.
Hay que dejar que cada hijo viva su momento de vida y que aprenda del mismo. Los padres están ahí para ayudar y orientar, no para vivir ellos las experiencias que debían experimentar sus hijos, evitando que aprendan de sus propias experiencias.
Ningún padre quiere que sus hijos sufran o padezcan dolor alguno, yo no hablo de ese sufrimiento físico provocado por algo externo o enfermedad. Los adultos debemos estar ahí para impedir que existan accidentes por no tener en cuenta los cuidados mínimos necesarios.
Hablo del aprendizaje real y diario de los niños a través  de sus errores y equivocaciones, que nos hace reconducir nuestras vidas para evitar que volvamos a tropezar en la misma piedra. Hablo de ese umbral mínimo de fracaso que no están teniendo los niños por una culpa real de los padres, que hacen que se sientan desdichados los hijos que no consiguen lo que quieren de forma inmediata.

El ser humano es imperfecto por naturaleza y a lo largo de la historia ha aprendido cuando ha querido de sus imperfecciones, para mejorar su vida y la de los demás.


Casa de Taganana

miércoles, 12 de octubre de 2016

SI LOS PROFESORES HABLARAN


Detalle de los frescos de la ermita de San Antonio de la Florida obra de Francisco de Goya y Lucientes 1798



Artículo publicado en la sección de Opinión del periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria el miércoles 12 de octubre de 2016.

Nos estamos acostumbrando por desgracia que todo vale en esta sociedad y en educación eso pasa factura a corto y largo plazo, aunque muchos no quieran darse cuenta de ello. Las familias, la sociedad, la clase política, grupos de presión económicos y sociales, etc. ponen a los docentes contra las cuerdas y en el punto de mira, queriendo hacerles responsables de que la juventud no sea como quieren o les gustaría que fueran, sin pensar que los alumnos se desenvuelven mayoritariamente en un entorno familiar determinante, además de los centros educativos, en donde aprenden por imitación.

Hace meses conocimos la noticia en prensa nacional, que un grupo de profesores de un colegio público en Madrid tenían un grupo privado de chat en el que se comunicaban y comentaban aspectos de alumnos y sus familias, del centro educativo en el que trabajaban y que se hicieron públicos, con consecuencias de traslado de destino a algunas de las personas que habían participado en dicho chat. 

Hoy desde la distancia, sin querer justificar dicho hecho, con un conocimiento más amplio y después de comprobar como prácticamente en todos los centros educativos, existen grupos de padres y madres que diariamente están haciendo comentarios de los cosas más nimias en tono despectivo y negativo de los profesores, del centro y de los servicios que ofrece el colegio a sus hijos, sin dejar títere con cabeza, cubriéndoles la impunidad de que la masa del grupo que lo alienta, aunque lo que se diga sea una mentira malintencionada, que repetida varias veces da la impresión de ser verdad cuando se incorpora el último del grupo, sin pensar en el daño que se hace y en el ejemplo que están dando a sus hijos, a los que interrogan para aportar más carnaza al chat.

Con el tiempo y la trascendencia que está tomando todo esto cada día, ya será tarde para lamentarse las familias, cuando vean con el tiempo, que sus hijos pueden ser víctimas de esos mismos chat de acoso, cuando entre los compañeros de su clase, les puedan insultar o se mofarse de algún defecto o situación puntual que le pueda resultar hiriente de forma reiterada a través de esos chats, el que se comente en público y que luego se pidan explicaciones de los modelos que han sido aprendidos en las casas. Las familias pondrán el grito en el cielo, pidiendo responsabilidades, cuando los padres con su ejemplo han estado fomentando la crítica anónima y despiadada hacia uno de los pilares de nuestra sociedad como es la educación.

En este país en el campo educativo, podríamos decir aquello de: “entre todos la mataron y ella sola se murió”. La educación es fundamental, que tan solo es valorada como se debe, por aquellos que no la poseen, la conocen y la añoran.

Hagamos un poco de ficción e imaginemos por un momento , que en esta sociedad loca que nos está tocando vivir, se les ocurriera a los docentes decir a los alumnos lo mal que están siendo educados por sus padres y las malas actuaciones puntuales que están teniendo día a día sus padres con ellos, porque no les escuchan cuando deben, porque no les atienden como debieran, ni dedican el tiempo necesario para inculcar valores y buenos hábitos de vida para que crezcan con principios positivos como personas que tienen que afrontar la vida de forma constructiva, porque se les puede decir que sus padres se preocupan más de sus intereses particulares, que en atender esos momentos importantes para sus hijos como es decirles que les quieren y que siempre estarán con ellos y un largo etcétera.

Nos echamos las manos a la cabeza, solo de pensar que alguien en quien se ha depositado la confianza para educar a sus hijos, pudiera emitir una opinión o juicio de las actuaciones que realizan hacia su hijos fuera del contexto escolar, pues llegaríamos a una guerra dialéctica que no beneficiaría a nadie, se está eliminado la comunicación verbal y directa con el uso de los chat, maleando el ambiente y generando un ambiente tóxico, que no beneficia a nadie. Si damos la vuelta a ese planteamiento, y atendemos a la realidad, vemos como desde los colegios se entregan circulares y comunicados, señalando el daño que se está haciendo con la proliferación de los chats, y el mal que están haciendo a la educación de sus hijos, tergiversando y sacando de contexto la información, amparándose en la nocturnidad y alevosía, para publicar opiniones que no son contrastadas, pero si emitidas gratuitamente, generando uno de los mayores cismas entre docentes y familias.

Si aprendiéramos a comunicarnos mejor en vez de manipular la información y se acudiera de forma inmediata al centro para hablar con la fuente, se aclararían muchas situaciones y malos ambientes que se están produciendo y que se va agrandando como una bola de nieve cuesta abajo, vivimos en la sociedad del bulo y da igual a quién afecte.

Algunos de los principios de la democracia son la libertad y la transparencia en las actuaciones y se está consiguiendo con el uso inadecuado de los chats, que aludiendo a la libertad de expresión malintencionada, se provoque a un colectivo indefenso en cuanto a respuesta inmediata, pidiendo cordura a unas familias que deben pensar más en sus hijos que en sus pasatiempos de calumniar al prójimo. Tristemente, lo que podemos comprobar definitivamente, es lo que hemos aprendido estos años de los programas de prensa rosa en televisión y otros medios, en donde la afición es despellejar a cualquiera sin verificar, y esa forma de actuar, se ha trasladado también a las relaciones de algunos grupos de familias con los docentes, a través de los distintos grupos de chats de padres y madres, que utilizan el deporte nacional de no dejar títere con cabeza.



No sabemos quién será capaz de poner el cascabel al gato en este asunto y reconducir una situación nefasta que ya está generando enfrentamientos, recelos y miedos. A los alumnos cuando hacen un uso inadecuado de los móviles en el centro, se les quita hasta que vengan sus padres. ¿Qué hacemos con los padres cuando son ellos los que hacen el uso inadecuado de los móviles?

Las muy ricas horas del Duque de Berry. Libro iluminado de 1410

domingo, 3 de abril de 2016

A VECES, EL PROBLEMA SON LOS PADRES, NO LOS HIJOS.







Retrato de Paulette Jourdain en 1919, obra de Amedeo Modigliani



Artículo publicado en la página 37 de la sección de opinión el domingo 3 de abril de 2016 en el periódico La Provincia.

Dicen que cada uno recoge en su vida lo que ha sembrado, y reciben lo que dan, sea bueno o sea malo, esta expresión la podemos aplicar a todas las actuaciones que ejercemos con las personas que están a nuestro alrededor. Por supuesto que también se extrapola al ámbito de la educación tanto en el seno familiar, como en el escolar y ciudadano, pues de lo que inculquemos en felicidad, responsabilidad, conocimientos, hábitos positivos, habilidades y destrezas sociales y personales, en gestionar las emociones y las conductas, en todos aquellos aspectos que nos sirvan para avanzar en la vida, etc… recogeremos los frutos en el futuro. Si por el contrario, hemos dejado que esas enseñanzas y aprendizajes las hagan aquellos que no deben, no saben, ni tienen que hacerlo, malo, las consecuencias las sufriremos a largo plazo.

Muchos profesionales vinculados al mundo de la educación y formación de alumnos, llevamos años insistiendo en lo equivocados que estamos con la forma en que se está educando a nuestros hijos desde el seno familiar y centros educativos. Da la impresión que saben lo que se tiene que hacer, todo el mundo lo dice, pero nadie hace nada, y ahora ¡zas!, el informe “Adolescentes con trastornos de comportamiento. ¿cómo podemos detectarlo? ¿qué se debe hacer?” realizado recientemente, por un equipo de especialistas del Hospital Materno Infantil de la Universidad de Barcelona Sant Joan de Déu publicado a nivel nacional. Dicho estudio nos abre las entrañas a todos mostrando la realidad sobre las conductas de los niños y adolescentes de forma objetiva, nos mete el dedo en la llaga, para señalarnos que no podemos esperar más en solucionar este gran problema de los trastornos de comportamiento que estamos viviendo, y que están ahí latentes con unas consecuencias gravísimas para las actuales y futuras generaciones.

Son años y años lamentándonos de situaciones puntuales que se están viviendo en las casas, en las aulas, en las calles sobre pautas de conductas y actitudes inadecuadas que están afectando ya a varias generaciones, y que rayan en la vejación, la falta de respeto, el maltrato y hasta la humillación.

Nos hemos escudado en excusas estúpidas para no atajar desde la raíz en su momento actuaciones contraproducentes de nuestros hijos, que a la postre, tendrá repercusiones en su vida futura. Las conductas que no se corrijan de pequeños, de mayores originan situaciones más graves y a veces irremediables, siendo más complicadas de erradicar.

Da la sensación que todas las advertencias son cantos al sol, que jamás tendrán respuesta, y mucho peor… que no se aplicarán las soluciones, puesto que nadie está por la labor de mover ficha en ese sentido. Nos hemos acostumbrado que sea papá Estado con sus herramientas coercitivas de fuerza, el que nos diga lo que tenemos y no tenemos que hacer mediante leyes y normas que fijan sanciones por su incumplimiento y un cuerpo policial que nos vigile para evitar las ilegalidades. Nuestras vidas se han judicializado de forma extraordinaria, todo son amenazas por un quítame de ahí esas pajas, que no ha solucionado el sentido de la razón, porque resulta que cada uno tiene su razón subjetiva.

Hoy en día, encontramos a demasiados padres haciendo dejación de sus obligaciones educativas en el seno familiar como responsables legales de sus hijos, esperando siempre que otras personas, como son los docentes, los que eduquen por ellos y sean quienes les hagan modificar las conductas y malos hábitos adquiridos en casa, pues les permiten a los hijos hacer y deshacer a su antojo sin ningún tipo de límites a sus actuaciones contrarias al sentido común necesario para el desarrollo personal y grupal.

Los padres tienen miedo a contrariar a los hijos porque piensan que no darles la razón los va a traumatizar, y les permiten acciones y actuaciones que prefieren que les corrijan otros, porque ellos ni saben, ni quieren, creyendo que evitan conflictos innecesarios en casa en ese instante, porque nunca han tenido claro lo que era el principio de autoridad y no saben fijar los límites necesarios para cada edad, consecuencia de todo ello es que nos estamos encontrando a niños que no saben superar la más mínima adversidad, y que su umbral de fracaso es nulo, puesto que se les ha dejado un camino de rosas ficticio y que no responde a la realidad, sin tener en cuenta que no se les está preparando para cuando tenga que convivir con otros iguales como él. 

Cierto es que hoy en día con las noticias que se publican, dan lugar a que se cuestionen muchas actuaciones de profesionales, dudándose de los procederes en muchos ámbitos, poniendo en tela de juicio decisiones y actuaciones que se toman en contextos determinados y ahora todo el mundo opina y sienta cátedra sobre temas que desconocen y se consideran doctores de todo.

Por otro lado, muchos docentes temen tomar las medidas necesarias de corrección de conductas en sus alumnos, que saben y corresponden en cada momento por miedo a las consecuencias, debido a la falta de apoyo que pueda tener de las personas responsables, cuando las familias comiencen a hacer ruido por defender la versión exclusiva de sus hijos y algunos profesores ante ese posible panorama, prefieren mirar para otro lado antes que iniciar un proceso en el que pierda su tiempo y se pueda llegar a situaciones humillantes para el docente, porque hay familias que “por sus hijos ma-tan”, sin pretender conocer la verdad, y escuchar de forma constructiva, porque es solo su verdad la que quieren que prevalezca.

La situación actual de nuestra sociedad, la crisis de valores que estamos arrastrando, y la nefasta coyuntura económica que llevamos padeciendo en estos últimos 20 años, han contribuido como un gran caldo de cultivo para poner nuestra sociedad patas arriba y que nadie haya sabido enderezar aquellos aspectos fundamentales que tienen que sentar las bases del futuro de nuestra sociedad. Hay que señalar también, que la clase política, tampoco haya servido mucho como modelo ciudadano ejemplarizante, en el que nos podamos reflejar los españoles.



Pensemos fríamente, ¿qué clase de modelo les estamos transmitiendo a las nuevas generaciones para perpetuar la tribu?, ¿no creen que se debería tomar alguna medida urgente que podamos aplicar todos, antes de que esto se vaya al traste? Es posible que algunos piensen que no es para tanto, y que la sangre no va a llegar al río, que al final todo se recoloca de forma natural….es posible, pero la cantidad de cadáveres que se van a dejar por el camino son muy numerosos e imposibles de recuperar.
Crispín y Scarpín, obra de Honoré Daumier entre 1858 - 1860

jueves, 10 de marzo de 2016

LA CULTURA DE TRABAJAR EN EQUIPO Y PROYECTOS.






Jardín de la Academia de España en Roma, obra realizada por Isabel Quintanilla en 1966




Artículo publicado en la página 27 de la sección de Opinión en el periódico La Provincia del día 10 de marzo de 2016.




Si hay algo indudable en estos momentos que vivimos, es que no estamos ni preparados, ni acostumbrados, ni educados en la política del diálogo y del consenso. Es lamentable comprobar como los participantes de una mesa con ideas opuestas que deben llegar a un entendimiento, por el bien común, se produce justo el efecto contrario por cuestiones que afectan más a planteamientos de intransigencia, que a la búsqueda real de soluciones que supongan puntos de encuentro. Dialogar en libertad es asumir que las ideas del contrincante pueden ser tan válidas como las tuyas, sin presuponer superioridad alguna. El rodillo se ha demostrado en nuestra historia reciente, su ineficacia cuando se intenta aplicar a las personas.

Las generaciones con responsabilidad política, económica, etc..., que hoy están intentando formar las bases para el futuro de España en un porcentaje muy alto, han sido educadas bajo planteamientos y sistemas caducos, desfasados con respecto a nuevas necesidades de trabajo y organización, que no respondían a este momento que supone una nueva visión de futuro en la que tenemos que adaptarnos a un mundo globalizado con unos planteamientos claros de tener que alcanzar un fin común constructivo. 

En educación como en tantos otros aspectos de la vida, nos hemos estado mirando el ombligo desde hace siglos, y nadie ha puesto remedio a esta situación en la que no se ha adquirido el hábito y las destrezas de trabajar en equipos con personas de diferentes intereses y que como consecuencia de todo ello surjan situaciones como las actuales, en donde cada una de las personas que componen los equipos de diálogo de los partidos políticos, intentan imponer su santa voluntad, alardeando que jamás cederán en aquellos aspectos que son símbolos representativos de su color, o de su grupo, alegando que el mensaje que las urnas les ha otorgado legaliza su representatividad y su intransigencia.

Para ver cómo hemos llegado hasta esta situación, hagamos un balance de aquellos sistemas educativos en donde, al contrario de lo que se ha estado produciendo en España, tradicionalmente han venido formando a sus generaciones con la intención de fomentar el trabajo en equipo, con proyectos que se deben alcanzar en grupos, compartiendo y debatiendo desde edades tempranas, para sacar adelante un trabajo que se les ha asignado. Nos damos cuenta que tenemos que mirar a sistemas y países que su desarrollo económico, social y cultural está en otro ámbito distinto al nuestro, tendremos que acercarnos a sistemas educativos del norte de Europa o U.S.A principalmente, para ver su evolución dentro de estas propuestas de trabajo en equipo de forma colaborativa.

Somos hijos de un sistema educativo en España, donde lo que proliferaba era la competitividad per se, inculcándonos que se debía destacar de forma individual sobre los demás, de esa forma demostrabas ser el mejor, pero realmente ¿que se conseguía con esos planteamientos con la sociedad que estamos viviendo hoy en día?, las consecuencias de futuro de esas posturas individualistas, al final se han plasmado en conseguir desconfiar de los demás, creer que solo tú podías solucionar todos los problemas, no saber delegar, ni empoderar al equipo que tiene que trabajar día a día contigo, intentando imponer tu voluntad si considerabas que tenías razón, etc…¡hemos hecho tantas cosas mal por el camino!, que desandar para aprender, muchas veces cuesta largas travesías por el desierto sin encontrar el verdadero aprendizaje, ni lugar donde aplicarlo.

Ahora comenzamos a ver como en nuestros centros educativos, llevamos unos años comprobando que hay alumnos y docentes que están aplicando nuevas metodologías colaborativas, pero su ejecución como tantas otras ha sido por imposición legal, no por convencimiento de una necesidad. Tenemos que ser conscientes, que para alcanzar las verdaderas metas educativas, hay que profundizar desde el ámbito universitario para formar a los futuros docentes, tenemos que potenciar a los educadores para que sean punteros, que vayan por delante en los avances educativos, no solo en la aplicación de los medios, sino en la forma de trabajar para conseguir hacer que los niños aprendan de otra manera distinta, interiorizando los aprendizajes, para que puedan aplicar los conocimientos de una forma más activa, participando en el proceso de aprendizaje - enseñanza y de esta forma ayudar a avanzar en el desarrollo personal y global, y no depender de las individualidades en cuanto a la forma de trabajar, sino en proyectos sólidos que están perfectamente estructurados desde las etapas de infantil hasta el mundo universitario.

No todo lo que se hace en educación puede llegar a ser bueno, aunque se aplique de forma constructiva en su momento y con una finalidad determinada, puesto que todo lo que se hace en el aula tiene sus repercusiones. Hacen falta en los centros educativos equipos docentes sólidos, estables, que se identifiquen con el proyecto del colegio, para que tanto los alumnos como sus familias puedan entender el verdadero significado de la educación, puesto que educación es todo lo que nos rodea y vivimos, la alegría, la tristeza, el dolor, el conocimiento, la violencia, los buenos hábitos, etc…. Las familias deben dejar de pensar en los colegios como guarderías, deben comenzar a verlo como un espacio vivo, creativo y de formación permanente, en donde se está gestando el futuro de sus hijos y que sin su indispensable colaboración no se podrá llegar a buen término.

Tenemos que aprender de nuestros errores y aplicar medidas correctoras que impidan la repetición de los mismos y si vemos que con la forma que se ha trabajado hasta la fecha ha generado situaciones ilógicas, pues comencemos a construir ese futuro con un gran Pacto por la Educación con profesionales, no con políticos. Las reformas no consisten solo en tapar agujeros, sino en tener visión de futuro para las generaciones venideras. Hay que crear alumnos autónomos, con autodisciplina para trabajar de forma individual y en grupo, no pensemos que por trabajar con más personas se pierde el tiempo, al contrario, a la larga se gana, porque se aprende a compartir, a escuchar, a crear y mejorar los proyectos con las aportaciones de todos, lo importante está en crear el hábito y en partir de una premisa o idea inicial, que les haga investigar y aglutinar conocimientos en favor de una meta. 



Cuando nos comunicamos en un equipo de trabajo, nos enriquecemos, repartimos funciones para poder analizar todas las posturas y sabemos que si a una reunión de trabajo se va con posturas predeterminadas intransigentes con líneas rojas que no se pueden cruzar, mejor que nos levantemos y volvamos en otro momento, cuando tengamos claro que hay que encontrar soluciones, acuerdos y no problemas que generen enfrentamientos.
Obra realizada por alumnos de 2º Grado del American School of las Palmas

jueves, 7 de enero de 2016

PREDICAR CON EL EJEMPLO

Esculturas de Fidias para el frontón del Partenón de Atenas S. V a.C.(hoy en el Museo Británico de Londres)


Artículo publicado hoy jueves 7 de enero en la página 22 de la sección de opinión en el periódico La Provincia.

Por lo que vemos en el patio, no sabemos si entramos o salimos de campaña electoral, y sinceramente creo que estamos un poco cansados de oír las mismas monsergas de siempre, por parte de personas que en gran medida han sido responsables de estar donde estamos, con sus decisiones y actuaciones en los ámbitos en los que se circunscribían. En estos últimos años, se está reclamando a los docentes en activo, que enseñen a los alumnos para que en esta situación de crisis y desempleo que se encuentran algunos millones de personas en España, les hagamos ver a los jóvenes, la realidad de lo que precisan para garantizar su futuro, teniendo que inculcar la idea casi a sangre y fuego, de una educación permanente, que se tengan que reinventar y que aprendan a buscarse nuevas formas de ingresos legales para su vida, como si ya el contemplar la situación trágica por la que están viviendo muchas de sus familias, no fuera ya un mérito suficiente el ver como sobreviven y suman días hasta que puedan atisbar una luz al final del túnel.

Sin embargo podemos contemplar, como muchas de las personas que tienen alguna responsabilidad en la dirección de los grupos humanos, bien sea en las empresas privadas o en cargos públicos que deben dirigir y organizar a trabajadores, comprobamos por desgracia, que muchos de ellos no están a la altura de las circunstancias, ni poniendo en práctica lo que predican por los cuatro costados sobre la necesidad de actualización de estrategias y aplicación de las nuevas tendencias directivas para adaptarse a las exigencias del siglo XXI, ni buscando soluciones reales a los problemas que surgen cada día, quedando todo en demagogia.

Ciertamente la sociedad ha evolucionado en estos últimos 20 años a unos pasos agigantados, y la realidad es que las personas para seguir trabajando, debemos estar en formación continua, con los problemas lógicos de adaptación a las novedades, si además con ello nos supone algún tipo de sacrificio bien sea económico, o de más esfuerzo personal, teniendo que actualizarnos para no perder el tren del mundo laboral, porque los que vienen detrás pisan fuerte, y sus condiciones son mucho más bajas, que las que nos propusieron en el inicio. Lo que observamos, es que ya nada está garantizado de por vida. Está claro, que el nivel vida que tuvimos hace años y las prestaciones sociales de calidad que disfrutamos, es manifiesto y notorio, que ya no volverán. Como escuché hace poco decir al Gran Wyoming hablando sobre la situación que les espera a nuestros hijos, en una entrevista que le hizo Iñaki Gabilondo, dijo lo siguiente: “es la primera vez en la historia, que las generaciones venideras, tendrán peor nivel de vida que las anteriores”, lo lamentable de esa afirmación es que por triste y dura que nos parezca, es real y muy difícil de rebatir.

Caminamos por senderos con muchas incertidumbres en cuanto al terreno por el que pisamos y a los posibles destinos a los que podemos llegar, cierto…, cierto…. hay muy poco y cada vez menos. Nos están haciendo dudar de lo que somos, de lo que hemos sido y peor aún de lo que nos depara el futuro para todos. Ya casi ni nos garantizan que con una buena preparación y cualificación, nuestros hijos puedan alcanzar unos sueños por lo que lucharon con ahínco desde su niñez, me olvidaba añadir, para irse fuera, porque aquí es casi imposible encontrar algo digno que les ayude a emanciparse.

En estos momentos se pide a nuestros hijos, que tengan la mejor preparación para poder optar como becarios a cualquier puesto de trabajo, lo importante es trabajar, para poder poner en el curriculum vitae en el apartado de experiencia laboral que está dispuesto a aceptar cualquier puesto que se le asigne, para demostrar que quiere trabajar. 

En el ámbito laboral privado, dependemos de la voluntad individual de personas que muchas veces, sin la preparación y ética adecuada, toman decisiones y asignan puestos de trabajo a personas, no por su preparación, sino por ser hijo de quién es u otros aspectos subjetivos, que nada tienen que ver con la cualificación requerida.

Por supuesto que también tenemos que hablar de la otra cara necesaria como elemento indispensable para la realización del trabajo en el mundo privado, me refiero al empleador o empresario, en el que localizamos a multitud de personas, con más o menos ética profesional y con unos principios claros del fin que persigue una empresa, “ganar dinero” como es lógico, pero está claro que los fines no justifican los medios y menos, cuando se cruzan las líneas marcadas por la ley y el sentido común. 

Como señala Jacques Attali en su libro “Breve historia del futuro”: “Las fuerzas del mercado se han apoderado del planeta. Esta marcha triunfal del dinero, expresión última del triunfo del individualismo, explica la mayor parte de las sacudidas más recientes de la Historia”. Da la sensación que somos consecuencia de maniobras orquestadas en la inmensidad de la economía mundial, que nada surge por casualidad, que todo está perfectamente organizado y milimetrado para que se produzcan situaciones puntuales extremas en cada uno de los países, nada es casual.

Denunciar un abuso no significa identificarse con posturas extremas y alarmantes, es de justicia, hay que recordar que hasta el propio Jesucristo lo proclamaba en el Nuevo Testamento y estoy seguro que si todos lo hiciéramos, probablemente acabaríamos con esta situación generalizada de impunidad en la que están quedando las personas que se han dedicado a ejercer el abuso laboral, amparándose en la tan cacareada crisis económica, utilizando la frase “si no lo coges tú, habrá otro que lo haga por menos”.

Soy consciente que en todos estos años hemos convivido con una crisis cruel, que ha afectado a todas las capas sociales de este país y al resto del mundo occidental, ese fenómeno nos ha hecho cambiar la forma de concebir la vida y el futuro de nuestros hijos, sino que también ha hecho importantes transformaciones en la forma de concebir la forma de trabajar, pues se ha implantado el miedo y sus nefastas consecuencias. Si antes se potenciaba en la empresa la fidelización del trabajador e identificación con la misión, visión del proyecto de la empresa, ahora los nuevos trabajadores tienen asumido e interiorizado la precariedad y transitoriedad en los trabajos, sin llegar a profundizar para compartir ningún proyecto de vida a largo plazo, pues dependen de las circunstancias que rodeen a la misma. 

Se está produciendo un miedo generalizado en la sociedad, y eso no es bueno, una sociedad con miedo, es una sociedad sin ilusión y sin futuro. Eduard Punset en su libro “Viaje a la felicidad” dice que “la felicidad es la ausencia de miedo o de dolor”, ya no se busca un mundo feliz, simplemente se pretende, que ningún ser humano jamás tengan que sufrir y pasar penalidades.



Hace falta una verdadera catarsis de la sociedad, para dejar de ver un futuro tan incierto, pues a estas alturas resulta complicado enseñar felicidad e ilusión, cuando a tu alrededor no ves más que miseria, que quieren adornar de transitoria, voluntaria y momentánea por parte de los que se han encargado de sentar las bases para que esto sea así.
Cupido durmiendo, obra de Caravaggio siglo XVII

miércoles, 14 de octubre de 2015

LOS HIJOS DE TIGRE SALEN RAYADOS


Guidoriccio da Fogliano all'assedio di Montemassi obra de Simone Martini 1330


Publicado hoy miércoles 14 de octubre en la página 25 de la sección de opinión en el periódico La Provincia.

Hemos iniciado otro curso escolar más, y al igual que ocurrió con los anteriores, seguimos manteniendo las mismas historias e histerias que en los años pasados, la Administración educativa intentado imponer sus criterios a la espera de cambios políticos, los equipo docentes quemados, porque no se sienten respaldados y están sobreviviendo de la mejor manera, aplicando la máxima de cubrirse las espaldas para que nadie le pueda reprochar nada. Luego nos encontramos con la otra pata de la mesa que sustenta la educación que son las familias y que hoy nos toca hablar un poco de ellas.

La verdad es que no es bueno generalizar cuando se habla del papel que están teniendo las familias en la actualidad con los hijos, siempre se pide responsabilidades de puertas para afuera, pero nadie quiere hacer una valoración objetiva de la importancia de sus actuaciones y de las consecuencias de sus decisiones para sus hijos. Lo triste es que esta situación por la que estamos pasando en nuestro país, está sacando lo peor de cada uno y en el ámbito familiar no es algo ajeno a la realidad circundante, paro, estrés, trabajos de los mantenedores extenuantes, con horarios incompatibles con el familiar, desestructuración, y un sinfín de situaciones, que dan lugar a un caldo de cultivo complicado para tener el mejor ambiente para la educación de los hijos en una familia.

Pero si miramos a la historia, veremos que a lo largo de los siglos se han ido produciendo situaciones conflictivas que también han influido e incidido en la educación que las familias han dado a sus hijos, las crisis han existido siempre, la forma de afrontarlas es lo que difiere y es aquí cuando debemos hacer un pequeño análisis de lo que nos está tocando vivir en este siglo XXI.

Por mucho que estemos diciendo a gritos que sin la familia es imposible sacar adelante a sus hijos, seguimos comprobando como los padres pierden los papeles ante sus hijos, ante situaciones que deben implicar paciencia y saber mantener posturas propias de un adulto maduro, pues el niño es niño y solo responderá a su nivel de madurez y sacrificio adquirido, pero sus padres y tutores legales deben saber tomar las medidas adecuadas para no perder todas las oportunidades que nos brinda cada día, cada minuto, para ayudar a crecer a nuestros hijos como buenas personas.

Los medios de comunicación nos muestran cada vez más a menudo situaciones violentas, en donde padres de familia agreden a profesores, teniéndose que modificar la legislación para equiparar al docente como un representante del Estado, para que esas agresiones sean tratadas con la dureza legal que corresponda. Pero la realidad es que todas las personas que se han visto en una situación análoga, cuando han sufrido algún tipo de violencia en las aulas o fuera de ellas, no son las mismas tras esa desagradable experiencia, sienten que su mundo no es el mismo y que la idea por la que trabajaban deja de tener sentido, ahora es el miedo y la duda de si se repetirá, generando inseguridad y frustración a cualquier profesional.

Lo más triste es que todavía existan personas que justifiquen la violencia y puedan apoyar los actos vandálicos hacia los docentes o cualquier centro escolar, como un acto de empatía hacia el joven o jóvenes que les rodeen.

Nos echamos las manos a la cabeza por los actos violentos físicos, pero quizás mucho más duro y doloroso, sea el desprecio o menosprecio que sufren diariamente los docentes por sus alumnos y familiares, con sus comentarios, gestos, actitudes y conversaciones sobre su profesión y forma de trabajar cada día, en donde se cuestiona su profesionalidad, su metodología de forma destructiva, sin aportar ideas que puedan ayudar a corregir los errores que a lo mejor él no percibe, por parte de personas carentes de autoridad moral, basándose exclusivamente en los comentarios sacados de contexto de sus hijos o de otros padres que se reúnen fuera del colegio, en donde lo que menos importa es el papel que juega el docente en la educación de su hijo y lo que representa, sin tener en cuenta que es la persona que está más tiempo con su hijo y que esto no es una guerra, donde hay vencedores y vencidos, es una labor de conjunto, que si no se coordinan, no se avanza. Volvemos de nuevo al deporte nacional que es el chismorreo con cualquier medio a nuestro alcance, aunque ahora, para mayor comodidad tenemos a nuestra disposición las redes sociales y entre ellas la más popular el whatsApp, que nos enteramos del cotilleo en tiempo real sin contrastar.

Hay que actuar de forma positiva utilizando el verdadero proceso de aprendizaje con los hijos, hablando los temas en casa que puedan ser asumidos por los niños, de forma constructiva y otras cuestiones que no procedan, trasladarlos a las personas que van a procurar solucionar el problema. Cada foro, tiene un espacio, un tiempo y una persona.

Los hijos van a reflejar en todas las esferas de la vida, nuestra forma de ser y de actuar en familia. Si queremos que se nos respete, tendremos que respetar y enseñar a respetar, si queremos dialogar, tendremos que escuchar y responder sin alterarnos, para que aprendan a respetar a través del diálogo. Si nos dedicamos a justificar todas las actuaciones de nuestros hijos, aunque sean malas y perjudiciales, podremos conseguir de momento que su hijo venza una batalla, pero los padres de antemano tienen perdida la guerra.

Nuestros hijos a medida que crezcan nos exigirán cada vez más cosas en beneficio propio, si no sabemos poner los límites y que ellos entiendan, que no son límites arbitrarios, sino justificados por el momento y la necesidad.

A todos los padres nos gustaría poder darles a nuestros hijos el sol, pero sabemos que si se lo damos, podría quemarse y perecer en el intento.

Nuestros hijos son y serán, lo que nosotros como padres queremos que sean. Si no tenemos los conocimientos, la voluntad, la educación y el sentido común necesario para conseguir que sean buenas personas, debemos recurrir a profesionales que nos orienten y les recuerdo que los docentes con su experiencia pueden ayudar, pues conocen y trabajan con sus hijos en otras facetas distintas y necesarias, que no se pueden contemplar en casa.

Si un padre no dialoga y pone puentes a su hijo, él tampoco lo hará y luego nos lamentaremos diciendo que ellos jamás han visto determinadas conductas o actitudes en casa, pero que luego en el colegio y en la calle si lo hacen.



Lo puedo decir más alto, pero no más claro, el poco o mucho tiempo de calidad que le dedique una familia a su hijo es crucial para su educación, pues nadie más va a conseguir el mismo efecto, otras personas podrán orientar, influir, marcar tendencia, etc. pero lo que es Educación con mayúscula, lo marca la familia.

Clases de danza obra de Edgar Degas 1873

viernes, 4 de septiembre de 2015

LA EDUCACIÓN COMO PROYECTO DE VIDA

La dama del armiño, obra de Leonardo da Vinci hacia 1488 1490

Publicado el día 4 de septiembre en el periódico La Provincia en la sección de opinión.

Sigue pasando el tiempo y todo parece que sigue igual y si me apuran, peor que antes, pues la inercia genera inmovilismo y retroceso. Todos somos conscientes que los tiempos que vivimos son trepidantes, las metas que antes nos fijábamos ya no se pueden utilizar como modelo a alcanzar, hay que buscar nuevos paradigmas que nos puedan ayudar a fijar un nuevo rumbo que genere estabilidad para toda la sociedad.


Cualquier situación externa nos afecta y está demostrado que estos cambios, pueden hacer tambalear los principales pilares que sustentan nuestra sociedad, lo que antes era blanco, ahora se difumina y depende de los ojos con que los mires, todo es cambiante, nada es inmutable, pero nuestra mente y nuestra sociedad parece que no quiere entender este proceso afecta a la totalidad de los seres humanos.

Las personas atendiendo a esta nueva realidad debemos y tenemos que ser conscientes de la situación y prepararnos para todo lo que nos viene y la mejor manera para atender esta circunstancia, es proveer a nuestros hijos de la principal herramienta que les ayudará a nadar en esas aguas turbulentas en las que nos estamos moviendo en estas últimas décadas y dotarlos de algo inmaterial y vital, que ha hecho que a lo largo de la historia, los seres humanos hayamos podido evolucionar y adaptarnos a los cambios en función de las necesidades, ese útil al que me refiero, es la educación y la formación permanente. Está claro, que por mucho que hayamos estudiado durante nuestros años de vida, nunca estaremos los suficientemente preparados, siempre hay que mirar hacia adelante, buscando la superación personal, teniendo en cuenta lo que hemos dejado atrás.

Es triste que tengamos que alcanzar una edad determinada, para darnos cuenta del tiempo perdido, por no haber aprovechado las oportunidades que podían suponer un nuevo proceso de aprendizaje, que de forma inconsciente nos habían inculcado ir siempre sobre lo seguro y no salirse de la idea preconcebida.

Hay que inculcar a las familias, que deben elegir el mejor proyecto de vida para sus hijos, y no solo en cuanto al ámbito de la educación y cariño que reciben desde la casa, sino también a los centros educativos en los que estudian.

Los colegios no deben ser simples guarderías en donde se recogen a los niños durante unas horas al día, teniendo en cuenta, que en la mayoría de los casos, están más tiempo despiertos con sus profesores en el centro, que con sus familias, y que ese período debe aprovecharse para cambiar todo lo que hasta la fecha se ha estado haciendo mirando modelos del pasado, con unos proyectos vivos que asuman las necesidades reales de la sociedad, con equipos comprometidos con las necesidades reales de la educación y de cada alumno, dando ejemplo permanentemente a sus alumnos y familias.

Es muy fácil decirlo, comentarán muchos, pero la realidad es que con tanto pesimismo, lamentándonos de los problemas y las presiones externas, jamás lograremos cambiar este modelo caduco, que solo genera insatisfacción, inadaptación e infelicidad a nuestros hijos cuando salen del mundo universitario para afrontar la realidad de su futuro.

En educación, la cuestión no es tanto de acumulación de conocimientos, para competir a ver quién sabe más a partir de una nota, sino de enseñar a desenvolverse y a trabajar la información para transformarla en conocimiento necesario permanente, y menos hoy en día cuando tenemos una herramienta como es internet, que lo tiene todo. ¿Me quieren decir de qué nos sirvió estudiar aquella interminable lista de Reyes Godos, o la de las comarcas de toda España?, ¿qué sentido lógico tenía?, algunos es posible que dijeran, que eso hacía ejercitar la memoria, pero yo les digo, que aprender no tiene por qué significar sufrimiento, educar conlleva esfuerzo, constancia, interés, perseverancia y deseo por mejorar y eso es algo que se puede inculcar desde la familia y entornos próximos al niño, como es el colegio y su equipo de personas que requieren de todo el apoyo y no de las críticas que no sean constructivas. 

Recordamos aquello de que “somos lo que vivimos”, no podemos seguir dejando que nuestros hijos carezcan de los útiles necesarios para afrontar el mundo que se les viene encima, es preferible ayudarles a forjar un camino de forma segura, autónoma, con el manejo total de los idiomas como si fuera el materno, en donde sepan expresarse con fluidez en público defendiendo sus propuestas e ideas, que sepan trabajar en equipo, asumiendo sus responsabilidades y que ello no suponga ningún sacrificio, evitemos que sufran preparándolos desde la infancia, haciendo que valoren de forma positiva el proceso de aprendizaje, sobre todo es una cuestión de cambio de actitud y predisposición por parte de todos.

Por supuesto que esto que yo planteo, es una labor de conjunto de toda una sociedad comprometida, en donde las familias tienen un papel fundamental con sus intervenciones y decisiones con los hijos, en donde no pueden haber intereses partidistas, y que por supuesto se debe producir un gran pacto de Estado sobre educación, en el que intervengan todos sus protagonistas, no los políticos de turno, para que se cambie definitivamente nuestra visión de la educación permanente como forma de vida para todos los miembros de la sociedad.

Hay muchos que asocian la frase de: “educación como proyecto de vida”, en el ámbito espiritual, yo esa faceta la dejo para los religiosos y especialistas en ver más allá de la realidad, para mi es algo más tangible y necesario, que es nuestro día a día y el futuro que les espera a nuestros hijos.

¡Pongámonos las pilas ya!
David, obra de Gian Lorenzo Bernini, entre 1623 y 1624