miércoles, 22 de julio de 2026

“UNOS QUIEREN Y NO PUEDEN, OTROS PUEDEN Y NO QUIEREN"

 

                  Madrid en deconstruccion Fase 1

Artículo publicado el miércoles 22 de julio de 2026, en la página 24 de la sección de Opinión del periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria

Ha cambiado tanto el mundo y nuestra sociedad, que los valores de solidaridad y ayuda, se han convertido en algo elitista que solo predican algunos altruistas, que conciben el mundo como algo que se puede mejorar entre todos, mientras que la gran mayoría vemos desde las gradas como se matan los pueblos entre ellos por intereses espurios, sin que movamos un dedo.

En estas últimas décadas hemos constatado en nuestro país la pluralidad de personas de diferentes razas y culturas con las que convivimos cada día, y el enriquecimiento personal, laboral, social y humano que ha supuesto dicho contacto para nuestra sociedad occidental en general, aunque haya intereses políticos y mezquinos por parte de algunos en demostrar que este incremento necesario de la población provenientes de otros continentes, se considere como un hecho que perjudica a un país, sin tener en cuenta que son seres humanos, sin aportar los datos objetivos que demuestren su argumentario.

Nadie puede negar nuestra realidad sobre la evolución demográfica natural que se está produciendo en el continente europeo y más concretamente en España, en la que vivimos en un país totalmente transformado, en el que no se está produciendo un relevo generacional con nacionales, sino que necesitamos a personas que vengan de fuera a generar riqueza y empleo. Según el INE, en su último estudio de proyección demográfica, está previsto que para 2076, la población en España, señala que los ciudadanos nacidos fuera de España representarán más del 40% del total de la población (exactamente, la población nacida en España caerá del casi 80% actual hasta el 59,6% en 2076) y la población total alcanzará los 53 millones de habitantes, los números están ahí para que todos reflexionemos y nos dejemos de buscar fantasmas donde no los hay, lo que hace falta son medidas de integración y convivencia.

Está claro que nadie quiere salir de su país, salvo que lo necesite. En el mundo en el que estamos viviendo de globalización en donde presumimos de las bondades de nuestra civilización occidental al resto de los continentes, resulta que, miremos hacia donde miremos del planeta tierra, la mayoría de la población está sumida en guerras, hambre, persecuciones, desastres naturales y un largo etcétera en el que cabe de todo, nadie quiere para los suyos, ni para sí mismo la guerra, persecución, hambre, muerte, etc.

España en pocos años se ha convertido en un país de viejos, la previsión para 2076 es que 19 millones serán pensionistas, actualmente tenemos 9’49 millones de pensionistas entre los que me incluyo, pero es lo que tenemos. No querer afrontarlo y tomar las medidas necesarias, está abocado a un suicidio colectivo.

Ningún país europeo tiene habitantes nativos de reemplazo para que la máquina productora del Estado siga funcionando y produzca lo suficiente para desarrollar todo el Estado del Bienestar que estamos disfrutando en la actualidad.

Con todo este panorama que se ha descrito, es sorprendente como muchos de las personas de otras nacionalidades que llegan a España, además de aprender un idioma, que tengan una vivienda digna y un trabajo para poder vivir, como nos ocurre al resto de los “españoles de bien”, otra de sus prioridades sea la de formarse y tener los estudios necesarios para poder desarrollarse en nuestra sociedad, intentando tener una mejor vida de la que tenían en sus países.

 

A lo mejor a nuestra juventud autóctona, sea de la comunidad autónoma que sea, les haría falta algo de necesidad personal y supervivencia para querer mejorar su futuro, y que cambien el chip que tienen incrustado en el cerebro de que papá Estado/Administración Pública les va a solucionar todo sin que ellos se sacrifiquen y esfuercen por alcanzar una meta con la formación y estudios que les ayude a superarse.

Me da envidia y pena a la vez, ver como los que vienen de fuera quieren aprovechar todas las oportunidades que se les dan para mejorar su futuro y los que son de aquí, desaprovechan las oportunidades y vías de superación personal y laboral que otorga el sistema en el que vivimos. Como escuché hace poco entre un porcentaje importante de jóvenes, ahora se valora más al que menos hace en el aula y más problemas de conducta genera, pero que resulta que es el más popular y más seguidores tiene dentro del grupo. Estamos perdiendo los papeles en infinidad de cosas y con ello, también estamos perdiendo una generación de españoles que se están queriendo educar a través de las pantallas y se están dejando llevar por opiniones sin fundamento y sin verdades objetivas y contrastadas, para justificar su inacción ante la vida y su futuro.

Lo triste de todo esto, es que por mucho que nos duela, los verdaderos responsables de todo este desastre en el que los jóvenes y no tan jóvenes se han hecho dependientes de las pantallas y de sus manipulaciones en las Redes Sociales, son los padres que no han sabido poner los límites de uso y les han dejado por pura comodidad que sus hijos campen a sus anchas en cualquier ámbito de la vida.

Intenten ahora a su hijo adolescente o mayor de 18 años que viva en casa poner límites al uso de los móviles o el uso de otros aparatos digitales, el problema en casa va a ser mayúsculo, por no decir que ya es una guerra perdida.

 Cada día se publican más estudios de lo nocivo que son las pantallas para los niños y de las consecuencias que ya se están comenzando a vivir con los jóvenes en las casas y en los centros educativos. Ahora toca actuar para intentar enderezar la situación, cada uno es un mundo y sus circunstancias.




                                                                     Madrid deconstruida fase 23


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