miércoles, 18 de octubre de 2023

EL METEORITO DE INTERNET Y LA EDUCACIÓN

 

Cuadro: "rechazo al mundo que vivimos"  Madrid 2019 Ignacio Pardo 

Artículo publicado el 18 de octubre de 2023 página 25 en la sección de Opinión del periodico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria

*Ignacio Pardo Luzardo

 

Estaríamos ciegos, si no nos diéramos cuenta de lo mucho que está cambiando la sociedad con todas las formas de actuar y de contemplar la vida que conocíamos y teníamos en todos los ámbitos y edades.

Nos están y nos estamos descolocando permanentemente con todo, hasta en lo más insignificante. Da la impresión que el viento siempre ha venido a favor en todo este proceso de transformación tecnológica, social y cultural, daba igual que hubiera crisis, pandemia, guerra. El internet y todo lo que le rodea ha estado acompañándonos en estos últimos años y ha venido para quedarse, como lo fue la imprenta, la Ilustración o la Revolución Francesa, ahora bien, el uso adecuado o no del mismo siempre será una decisión que afecta al individuo o a la colectividad a la que perteneces, o a los medios que dispones. El problema está en la formación, destino, responsabilidad y valores que tengamos cada uno para saber utilizar la información y los contenidos que hay en la red.

La sociedad no está pidiendo inmovilismo, la sociedad pide saber con seriedad cómo digerir todos los cambios que se están produciendo a su alrededor a raíz de todas las transformaciones, para poder asumirlo y aplicarlo a su entorno más cercano, como son su familia, sus relaciones laborales, su círculo más cercano y saber cómo actuar en cada momento a esta nueva realidad en la sociedad que estamos viviendo, parecemos muchas veces, como un pollo descabezado sin saber hacia dónde ir.

Las familias a día de hoy, cuando se habla de la educación de sus hijos en un contexto tan complicado como el que tenemos, se ven como los últimos de la fila, no tienen la preparación apropiada, ni se le espera en muchos casos. Les llegan los mensajes de forma inadecuada, sin saber reaccionar a los problemas diarios que se enfrentan, no sabe anticiparse, pues no tienen las respuestas correctas para cada situación puntual de la vida y para cada hijo y a todo ello cada día tienen que afrontar novedades que les viene del colegio, del entorno laboral, del círculo de amistades, de su gestión económica familiar y un largo etcétera. Nadie se ha querido parar y hacer una pequeña hoja de ruta para afrontar lo que quieren, cómo lo quieren, cuando lo quieren para sus hijos y para el conjunto de la familia, “viven el presente con lo que tienen”, no les pidas más.

Estamos llenos de tratados especializados sobre la incidencia de internet en nuestra vidas, consejos en las redes sociales, intervenciones en los medios de comunicación, sobre los orígenes de porqué hemos llegado hasta aquí y cuáles pueden ser sus consecuencias, todos señalan lo que no debe hacerse, pero nadie es capaz de coger este toro por los cuernos y señalar un rumbo que ayude a gestionar todo este caos que estamos viviendo y que mucha culpa parte de la falta de medidas constructivas que se producen en el seno de las familias y su inacción ante los problemas que está generando su hijo en cualquier ámbito, no solo el escolar, porque el sistema los ha engullido, ahora a los niños se les permite todo por falta de límites ya que en casa o fuera de ella hacen lo que quieren y sus padres no actúan por miedo a las reacciones inesperadas de sus hijos en público o en privado.

Ya estamos viendo las consecuencias del mal uso de internet en importantes grupos de jóvenes de todas las clases sociales, violencia desmesurada, pornografía en edades tempranas, suplantación de identidad, ciberbullying, sexteen, acoso escolar, etc. Y lo más fácil siempre es mirar para afuera, la culpa según las familias es de los colegios, y los colegios siempre se preguntan qué es lo que hacen los niños fuera del colegio para venir con esas conductas, que control es el que están ejerciendo los tutores legales sobre esos niños que van al colegio por obligación y no pensando que su futuro está en sus manos, que sin educación un país no evoluciona.

Todo lo que nos rodea está muy mediatizado y judicializado, en donde a pesar de los medios que disponemos en la actualidad, no nos comunicamos como deberíamos, porque no hay tiempo; pero tampoco lo buscamos porque es más cómodo dejar fluir los acontecimientos sin tomar las decisiones que se deberían aplicar en cada situación.

Podríamos decir que todo esto que nos está ocurriendo se venía venir, pero no es cierto, nadie podía intuir la deriva que está tomando la vida actual y sus consecuencias a corto y largo plazo.

Cada generación comenta siempre respecto a la anterior, que los cambios que se han producido son abismales, pero lo cierto es que no habíamos visto una sociedad tan desigual a pesar de tener los mayores índices de conocimiento y democracia que haya vivido nuestro país y la sociedad occidental. No podemos seguir dejando que nos devore y que no sepamos la deriva que está tomando cada día, el sistema lo irá absorbiendo, y nosotros nos estamos dejando ir por la comodidad de las aplicaciones y ventajas inmediatas que nos ofrecen, pero la pregunta es: ¿Qué nos estamos dejando por el camino, que nos diferencia a los seres humanos?

Collage de Arte

miércoles, 14 de diciembre de 2022

DESMORALIZACIÓN EN LA EDUCACIÓN

 


Sillería del Coro de San Benito. 1525 Museo nacional de Escultura en valladolid
Sillería del Coro de San Benito.Andrés de Nájera1525. Museo Nacional de Escultura en Valladolid


Artículo publicado en la sección de Opinión del Priódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria el martes 13 de diciembre.

Todavía me acuerdo de aquella frase que acuñaron algunos idealistas durante la pandemia: “este confinamiento hará una sociedad más fuerte y solidaria”.

Qué utopía aquella que vivimos durante una de las desgracias más grandes que ha sufrido la humanidad en todo el mundo y al final nos hemos quedado solo en una anécdota temporal, en la que perdieron la vida millones de personas, pero que no hizo nada de mella en todos y cada uno de nosotros.

Miento, si hizo, nos transformó en las personas más egoístas, menos solidarias, más intransigentes, más retrógradas en ideas y acciones, perdiendo valores y principios democráticos.

En la actualidad, las sociedades occidentales no hacen otra cosa que estar mirándose al ombligo, sin darse cuenta del mundo y la sociedad en la que vivimos. Ahora son los regionalismos nacionales o supranacionales los que abanderan el futuro, sin tener en cuenta las libertades y los derechos alcanzados con el paso del tiempo.

Solo vemos verdades a medias o manipulación torticera e interesada de cualquier tipo de hecho o acontecimiento, ya no valen los hechos objetivos per se y demostraciones empíricas, ahora solo valen opiniones subjetivas e interesadas que pretenden ser axiomas.

En todos los países democráticos estamos sumidos en la bronca permanente reflejo de la mal llamada “libertad de expresión” para todo por parte de nuestros representantes en las cámaras legislativas, donde se supone que tiene que emanar el ordenamiento jurídico que va a regular cada una de las actuaciones de los ciudadanos que hemos elegido el Estado de derecho y libertades.

Después de toda esta introducción, vamos a aterrizar en cómo se aplica todo ello en la realidad de las familias españolas de clase media y no tan media, que está sufriendo pacientemente cada una de las decisiones arbitrarias de los distintos gobiernos que dirigen el país en cada una de las legislaturas. Da igual el color y la idea que tengan, o los intereses camuflados que representen.

La sociedad necesita modelos en todos los ámbitos y no los tenemos. No existen referentes, positivos que imitar pues al final todos son decepciones por intereses o manipulaciones de la verdad.

Ya no existe una verdad, ahora existen tantas verdades como cabezas haya en un debate, da igual las evidencias que aportes, es como hablar contra un muro.

¿De qué manera se traslada toda esta situación a la sociedad, que día a día tiene que bregar para sobrevivir y sacar a una familia adelante?, pues muy sencillo, dejarse llevar por todo lo que le rodea de broncas y realidades paralelas mostradas en los medios de comunicación que quieren servir de modelo equivocado para generaciones a las que les hemos acostumbrado a no tener metas y aspiraciones que alcanzar, al final para los más jóvenes lo importante es satisfacer lo inmediato, el  aquí y ahora.

El ayer es pasado y mañana ya vendrá, la mentalidad hedonista de las nuevas generaciones se basa en pasarlo lo mejor que pueda, sin pensar en las consecuencias de los actos y acciones.

Pero lo cierto es que, queramos o no queramos, nuestros hijos al final son lo que los padres les han dejado ser en cada una de las etapas evolutivas. Cada generación ha sido marcada por la formación y aspiraciones de sus familias y de la sociedad

No sirve de nada lamentarse cuando los hijos llegan a edades adolescentes y hacen lo que quieren, porque han tenido unos padres permisivos, que no han sabido poner los límites necesarios cuando era preciso.

Cuando llegan a edades en las que tienen que tomar decisiones trascendentes sobre su futuro se encuentran con infinidad de puertas cerradas por ellos mismos, al no haber tomado las decisiones oportunas en cada momento porque nadie les dirigió de forma adecuada y por haber sellado a lo largo de su corta vida esas puertas de conocimiento, de responsabilidad, de esfuerzo y de sacrificio, amén de otras que eran necesarias para forjar el futuro de cada uno.

Cuando llega el momento de buscar responsables, lo fácil es poner el ventilador y culpar a todos, menos a quien tiene que asumir sus errores por las decisiones fáciles que no llevaban a nada, estamos acostumbrando a que nuestros hijos no se frustren, ni aprendan de sus errores para que se puedan superar, pero claro eso supone sacrificio y constancia de los tutores legales a lo largo de los años, no en un momento de puntual.

Estamos viendo todos los días a familias que están perdiendo el norte, porque no quieren que sus hijos crezcan, quieren bebés hasta los 18 años (mientras no les den problemas) y ya después quieren que vuelen solos, sin que nadie le haya enseñado a ser autónomos, porque nunca les han dejado.

Es muy doloroso ver como jóvenes te dicen que quieren ser ingenieros, médicos, arquitectos, economistas, abogados, etc., sin querer estudiar, ni prepararse, muchos de ellos quieren lo fácil, en algunos casos recurriendo a métodos que rayan en la ilegalidad, total: “lo importante es aprobar”. Así mi familia no se enfada conmigo.

No se ha conseguido que los jóvenes alcancen la madurez suficiente para comprender que, sin los conocimientos mínimos necesarios, jamás podrán aplicar cualquier aprendizaje. La forma de adquirirlo es lo que ha cambiado a lo largo de los años y es ahí donde juega un papel fundamental las familias y los centros educativos.

Pero en la actualidad con tanta crispación generalizada y desmotivación hacia el futuro, está generando desconfianza y da la impresión de que las familias ven a los centros educativos y a sus docentes como dianas a las que culpar de todos los errores que han ido cometiendo a lo largo de los años con sus hijos.

La docencia es una profesión de alto riesgo, que no está suficientemente pagada, ni reconocida por nadie. Todo el mundo se hincha la boca diciendo lo importante que es la educación para el futuro de un país o de las futuras generaciones, pero resulta que en este país todos saben más de educación que el propio docente que ha estudiado una carrera y que ha estado forjando con el paso de los años una experiencia docente junto a la formación permanente, que les va a ayudar a ser mejores profesionales.

Ya se está dando el caso de que haya docentes que tengan reparos en asistir a las tutorías con las familias, puesto que ya las familias no quieren escuchar para mejorar y colaborar, ahora son muchos los que vienen a decir a los docentes como tienen que dar clases a sus hijos, porque ellos conocen más a su hijo, quitando cualquier tipo de credibilidad al proceso de aprendizaje que se está llevando.

Dentro de ese proceso de involución que se está produciendo, nos encontramos con familias que su exceso de proteccionismo llega a límites insospechados, que, si fuera por ellos, se presentarían a las pruebas de las distintas materias para que su hijo en casa tenga todo el tiempo del mundo para jugar, porque los niños deben estar siempre jugando o viendo la televisión, el móvil o la tablet.

Es necesario que nos paremos todos un instante y veamos realmente qué es lo que se tiene que hacer en este proceso de educación permanente de un hijo y no dejarse llevar por la comodidad del momento. Por el bien de las futuras generaciones tenemos que buscar alternativas reales para todo lo que estamos viviendo en este mundo de contradicciones, nos estamos jugando el futuro de nuestro país con la educación mal entendida.

Solo espero que sepamos reconducir esta situación por el bien de todos, no se puede seguir viviendo la educación en España como la implantación de leyes según el color del gobernante de turno y de una sociedad crispada y con pérdida de valores de forma permanente. Este no es el país que queremos.





domingo, 2 de enero de 2022

CUANDO TENEMOS HIJOS, NO PODEMOS ESCUPIR PARA ARRIBA

 

La flagelación de Cristo. Piero della Francesca. Hacia 1468.

Artículo publicado en la página 32 de la sección de opinión del periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria el domingo 2 de enero de 2021

Llevamos años diciendo que la educación y los valores de los alumnos comienzan desde casa, que si la familia no tiene clara la línea que quieren para el futuro de sus hijos, difícilmente la sociedad o los colegios van a dar lo que los padres o tutores legales no tienen o no saben.

Es cierto que hay de todo, como en la viña del señor, pero ¡qué mala suerte tenemos los docentes!, que siempre nos tocan todos los casos de familias complicadas y difíciles de resolver y a medida que los hijos crecen, las situaciones se vuelven más complejas y las familias menos receptivas.

Si nos ponemos a buscar culpables, seguramente los encontramos donde nos interese para ahondar en todas las grietas que tenemos en esta sociedad occidental hedonista del siglo XXI, en la que ya no se puede corregir a los niños, puesto que se van a frustrar.

Por desgracia se está generalizando de forma exagerada las familias excesivamente permisivas y proteccionistas de sus hijos de forma innecesaria y de respaldar conductas inadecuadas en cualquier momento, justificando acciones perjudiciales para los demás y señalando que si su hijo dice algo impropio o hace acciones inadecuadas, es porque son cosas propias de los niños.

Son cosas propias de los niños que apedreen e insulten a compañeros y a profesores, son cosas propias de los niños que hagan lo que quieran en cualquier lugar, son cosas propias de los niños que no respeten la propiedad privada, porque aquí todo es de todos y por consiguiente pueden romper el mobiliario urbano y acceder a los recintos cerrados, porque no están vigilados. Son cosas propias de los niños que desconozcan los valores y principios democráticos y que solo entiendan justificado por los padres, que libertad es coger lo que quieren del prójimo sin su permiso, alegando siempre desconocimiento de las normas de funcionamiento de nuestra sociedad.

De verdad me duele tanto lo que está ocurriendo en todos los ámbitos, que sinceramente si hubiera una zona del planeta que no hubiera tanto imbécil catedrático de todo, me iría para no tener que ver día tras día tanta estupidez de adultos que no saben ser lo que tienen que ser, personas razonables y con criterio y sentido común, pero me doy cuenta de que este es el menor de los sentidos que tenemos los humanos.

Aquí, ahora como ya no existe el diálogo y el perdón, lo primero que hacemos es amenazar con judicializar nuestras relaciones sociales y personales, cuando pasamos del diálogo y el respeto a las personas que opinan diferente a mí.

Por desgracia, se está reflejando en la sociedad el clima de la crispación e intolerancia que vemos en nuestros representantes políticos. ¿Cómo vamos a pedir cordura y mesura a los jóvenes y a sus familias, si los modelos elegidos democráticamente destrozan todos los días cualquier puente de diálogo y consenso?

Da envidia sana ver como en otros países de nuestro entorno europeo son capaces de aunar esfuerzos en beneficio del país, sin estar tirándose los trastos y la famosa frase del “y tu más”.

Hace años que desistimos de crear las famosas escuelas de padres para tratar los temas que les preocupan a los hijos y a los padres, porque cada vez que se hacía una, asistían siempre los que menos lo necesitaban, pero que iban porque querían aprender y estar preparados para las distintas situaciones que se van a ir produciendo con la evolución biológica e intelectual de sus hijos. Pero como en todo lo que vemos en esta sociedad del siglo XXI, aquí tenemos padres  catedráticos sin preparación ni experiencia de padres, que saben más que los maestros, que saben más que los médicos, que cualquier especialista, cuyos manuales de referencia son el todopoderoso Google y los grupos de WhatsApp de la clase de su hijo, sí como los programas de debate intelectual de Sálvame Deluxe u otros análogos en diferentes cadenas.

Sinceramente, con esta materia prima poco vamos a conseguir para preparar a nuestros líderes de las próximas generaciones, pues con estas lides vamos a tener que lidiar nuestro futuro y qué miedo me está dando, todo recaerá en unos pocos que sus familias han sabido educar a sus hijos. Podemos tener confianza, pero también vemos la realidad que nos está sorprendiendo cada día y las posturas de no saber afrontar el presente y mucho menos el futuro. Pues eso es lo que nos encontramos hoy en día, con padres y madres que están sentados a un burro, pero justo mirando al lado contrario, al trasero del burro

En este momento tendría que ocurrir un milagro para que se revierta todo lo que estamos viendo en la educación de los jóvenes y adultos. No existe interés colectivo de cambio y que todos sumemos en vez de restar.

No es una cuestión de títulos, sino de valores para conseguir que esta crisis por la que estamos comenzando a caminar y por lo que veo este camino por el desierto se está haciendo muy largo y pesado, si no ponemos remedio a este caos de vida que llevamos. Me da igual quien gobierne, ellos son el problema, no la solución.

El otro día escuché decir a una compañera que le dolía ver que ella había vivido mejor que sus padres, y que sus hijos iban a vivir peor que ella y que sus abuelos. Esta es la sociedad que hemos creado entre todos, pensando que dejábamos todo bien consolidado y la verdad es que todo se ha ido al traste, no se puede hacer ninguna planificación de la vida de nuestros hijos, porque no hay nada seguro.

Actualmente sobrevivimos lo que nos dejan y cada 4 años nos dicen que acudamos a las urnas para cambiar y al final está todo peor, porque nadie piensa en la colectividad, solo se miran el ombligo.




viernes, 24 de septiembre de 2021

¿ESTAMOS EN UN CAMBIO GENERACIONAL?

 


Hace tiempo que no nos comunicábamos y considero que debemos hacer alguna reflexión sobre aspectos que se están produciendo no solo en el ámbito educativo, sino también en este país que nos está tocando vivir y que por ahora se llama España, aunque según algunos podría ser Españe, si seguimos contemplando todas las ideas que salen de los más iluminados.

No se si es que lo percibo yo solo, o lo vemos más personas con lo que se está haciendo en esta sociedad tan falta de valores e ideologías en todos los ámbitos, que según vaya el viento en un sentido u otro, somos capaces de hacer lo contrario de lo que pensamos, y hace que recuerde aquella frase atribuida a Groucho Marx que decía: “estos son mis principios, si no les gusta tengo otros”.

Creo que puedo decir con toda rotundidad que estamos viviendo un cambio generacional en nuestra sociedad y no nos puede coger con el paso cambiado, los docentes tenemos que estar acorde a los cambios sociales que se están produciendo, nosotros somos también protagonistas de ese cambio y tenemos que implicarnos, para que se produzca con un sentido lógico, que no se nos quiera hacer comulgar con ruedas de molino.

Nuestra experiencia y desempeño diario pueden ayudar a que esta sociedad sea un poco mejor de lo que nos está tocando vivir. Para esto es fundamental que los docentes nos lo creamos, si no estamos convencidos de lo que hacemos, y la importancia de nuestra profesión tenemos un problema, sabemos que estamos en el punto de mira de muchos cuando no hacemos lo que ellos quieren, pero esta vida no es una carta a los Reyes Magos que me dan siempre lo que pido, a veces decir no es tan importante como asentir o llegar a un punto medio.

Tenemos que intentar ser ese motor de cambio en colaboración con las familias. A lo mejor debemos compartir más con ellos para fijar esas líneas que no se deben traspasar jamás en la educación de sus hijos, y sobre todo en una sociedad occidental como la nuestra.

¡Todo no vale!, pero para ello debemos colaborar con las familias para recordarles lo que está bien y lo que no lo está.

Existen otras culturas contemporáneas a la nuestra que están más preparadas para afrontar lo que nos viene, porque han sabido madurar de forma adecuada a medida que ha ido creciendo y asumiendo las responsabilidades y obligaciones. Hay que hacer ver que no todos son derechos en esta sociedad, que también hay obligaciones y derechos de los compañeros que conviven con los que intentan imponer su voluntad.

Hay que ayudar a las familias a comenzar desde las posiciones iniciales de salida, que cualquier situación de fuerza o presión hacia las instituciones educativas democráticas, lo que van a hacer es sembrar la semilla de la duda de todos los cimientos sobre los que están basados nuestra sociedad occidental, si se quiere cambiar, ¡de acuerdo!, lo hacemos entre todos y participamos de forma activa, no podemos, ni debemos dejarnos arrastrar por la fuerza de los acontecimientos que marca la multitud a través de las redes sociales y las tendencias políticas interesadas.

Esto es imparable y ya no hay Estado nacional, ni supranacional que lo detenga, las masas acompañadas de algunos medios de comunicación interesados son las que están marcando el guion y si no les interesa, lo lleva hacia otro lado, nada es inamovible, la tendencia, aunque sea una estupidez hay inmaduros que la siguen y están convencidos que es lo correcto. Al final todo se resumen en la necesidad del control del poder y el poder al final es dinero.

Da la sensación de que estamos como un pollo sin cabeza, que va de un lado para otro sin rumbo hasta que cae definitivamente.

Aún estamos a tiempo, si todos ponemos algo de nuestra parte sin intereses particulares y pensando realmente en el futuro de las próximas generaciones, no en conseguir parcelas de protagonismo en un momento concreto, que se desvanecen como el humo.



domingo, 18 de octubre de 2020

PADRES ASÍ ¡NO, GRACIAS!

 

La familia de Carlos IV.(1800).Óleo sobre lienzo. Obra pintada por Francisco de Goya y Lucientes. Museo del Prado



Artículo publicado en las páginas 24 y 25 de la sección de opinión en el periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria

Está claro que nos está tocando vivir un periodo de nuestra historia que va a marcar el futuro de nuestra civilización. Ya no hace falta un atentado terrorista o una guerra violenta que perdure en el tiempo para que se produzcan miles de muertes y los pilares de la economía de todos los países se desmoronen.

En todos y cada uno de nosotros está influyendo de manera muy especial los acontecimientos que estamos viviendo como consecuencia de esta pandemia mundial. Por desgracia, los cambios que se están produciendo en la mayoría de la población son de carácter negativo, pues se están elevando los índices de irascibilidad de forma general en el conjunto de la ciudadanía, llegando en numerosos casos a la estupidez.

Dicen que realmente se conoce a la persona como es, cuando se encuentra en los momentos difíciles y cuando tiene que tomar decisiones.

Hemos iniciado un nuevo curso escolar marcado por los brotes de la COVID -19 y de todas las medidas extraordinarias que se han tenido que tomar, para que prevalezca la presencialidad de los alumnos en las aulas. Medidas que nunca lloverán al gusto de todos, pero que se deben establecer como requisito para garantizar al máximo la seguridad sanitaria y el desarrollo de un curso académico complicado para los alumnos, familias y profesores.

Lo cierto es que todo se podría hacer mejor, pero lo único que tenemos claro es que aprendemos cada día de nuestros errores, aunque lamentablemente ya han pasado demasiados días.

Tras realizar esta introducción, somos consciente de las verdaderas dificultades que se están encontrando en la actualidad los centros educativos que tienen niños de todas las edades en donde se han tenido que buscar nuevos espacios, docentes cualificados y medios para seguir funcionando de la mejor manera posible, teniendo en la mente un solo mensaje:” que el virus no entre en el grupo de convivencia, para poder desarrollar los contenidos curriculares y poder educar a nuestros alumnos”

Por otro lado, y de forma tangencial, nos estamos encontrando situaciones pintorescas o surrealistas dentro de las aulas y las sobrevenidas fuera de ellas originadas por muchas familias, en donde muchas no son conscientes de la gravedad de lo que está sucediendo en el día a día y que su única preocupación es que, en los nuevos agrupamientos originados por disminución de ratios, pongan a su hijo con los amiguitos del curso pasado y que no prevalezca el sentido común como criterio pedagógico.

Y que se utilicen todos los argumentos manipulados para justificar sus exigencias particulares, sin contemplar la excepcionalidad del momento y de la urgencia sanitaria que vivimos.

Parece que no se acuerdan de aquel confinamiento que recientemente vivimos durante meses y de las 30.000 muertes que hemos sufrido hasta la fecha. Da la impresión de que a muchas familias lo que le importa no es la salud de su hijo y de los familiares que conviven y pueden enfermar, sino solamente que quieren que su hijo esté con un amigo, porque llevan 6 meses sin jugar con él.

En algo nos estamos equivocando en todos los procesos de nuestra vida, cuando los adultos que no saben ejercer con la responsabilidad sus funciones que se presupone que deben tener y remar en el mismo sentido para hacer ver a sus hijos que esta situación excepcional es grave y temporal, hasta que no consigamos tener una vacuna.

No sé cómo hacer ver a esas personas egoístas, que esta situación no la ha buscado nadie y que siempre vamos a ir por detrás de ella, que jamás nos anticiparemos, si los intereses de los principales protagonistas están encontrados.

Si ya en condiciones normales sin la COVID -19 la utilización de las redes sociales por parte de algunas familias era nefasta, porque se dedicaban a valorar el trabajo de los docentes sin saber la realidad de los hechos y las decisiones de los centros sobre cualquier aspecto, ahora van creando grupos de opinión con afirmaciones falsas sobre supuestos inexistentes y aumentando la desconfianza entre otras familias en estos momentos de incertidumbre general, en donde todo cambia repentinamente y se deben tomar decisiones inmediatas. Deberían recibir un poco de su propia medicina, para que vean las consecuencias nefastas que pueden tener afirmaciones falsas, manipuladas y sacadas de contexto.

La pandemia y el confinamiento han hecho que los ánimos estén caldeados en todos los ámbitos y que nuestra capacidad de reacción sea menos tolerante e intransigente que antes del confinamiento, por lo que veo será muy difícil que las aguas vuelvan a su cauce en mucho tiempo. Son muchas cuestiones externas e internas que no ayudan en nada: ERTES, confinamientos forzosos, pérdida de libertad en pro del beneficio común, restricciones, cierres de empresas, actividad económica desastrosa que origina un alto índice de paro, familias desestructuradas, pérdida de familiares por el virus y un largo etcétera.

Con este panorama podemos entender muchas cosas que están ocurriendo, pero no podemos permitirnos el lujo de perder la confianza en los educadores y centros educativos que están dando todo para que se pueda desarrollar la actividad lectiva con los alumnos de la mejor manera posible, consiguiendo formar con un gran esfuerzo y expuestos al virus.

Durante el Estado de alarma, aplaudimos a todos los sanitarios, Fuerzas de Seguridad del Estado y trabajadores que hicieron posible que continuásemos en casa gracias a sus servicios. Nadie recordaba a todas esas personas que desde casa estaban cada día en remoto trabajando con las limitaciones que teníamos, para que nuestro país siguiera adelante. Ahora tenemos al pie del cañón a todos los docentes que cada día conviven con miles de alumnos, arriesgando su salud expuesta a potenciales contagios y que dependen de la responsabilidad de que las familias fuera del horario escolar sigan manteniendo las medidas higiénico-sanitarias y así evitar cualquier contagio, nadie está fuera del bombo.

Por la seguridad de los niños se está haciendo lo imposible, buscando espacios para que se respeten las distancias y que durante la jornada escolar se puedan mantener todas las medidas sanitarias para evitar cualquier contagio.

Por otro lado, nos estamos encontrando con el muro de muchos padres que es algo que no estaba en los planteamientos de ningún educador, pero que tenemos que afrontarlo con la mayor serenidad posible, para evitar situaciones conflictivas. La tolerancia no significa que tengamos que soportar todos los improperios que se les ocurra en un momento de calentón mental, por aquello de la libertad de expresión, o que les cogió en un mal momento.

No se puede, ni se debe permitir que haya padres que delante de sus hijos se dediquen a increpar a los docentes o responsables de centros educativos, por aplicar las resoluciones dictadas por la administración educativa para la seguridad de todos.

Me duele ver como todo lo que se había conseguido antes del confinamiento, se ha desmoronado como si de un castillo de naipes se tratara.

Nada será igual a partir de ahora, todo costará más por la gran desconfianza que se ha instalado en nuestra sociedad.

En estos momentos, nada permanece y todo es tan cambiante, que da miedo tomar una decisión que deba perdurar, pues seguro que te equivocas.



martes, 21 de julio de 2020

LA GENERACIÓN DE LOS ALUMNOS COVID-19


Paisaje con la destrucción de Sodoma y Gomorra Rotterdam, Museo Boijmans Van Beuningen 1520 . Obra de Joachim Patinir

Artículo publicado en la página 22 de la sección de Opinión en el periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria


En estas últimas semanas las universidades de las distintas Comunidades Autónomas han publicado las notas de la EVAU/EBAU de los alumnos que habían superado el curso de 2º de Bachillerato y se examinaban para poder acceder el próximo curso a estudios universitarios.
Lo cierto es que esos resultados no sorprendieron mucho, pues si bien se habían incrementado el número de alumnos presentados, se produjo un descenso en el porcentaje de aprobados y peor aún, descendieron las notas medias respecto a años anteriores. Parece como si las universidades nos echaran un jarro de agua de realidad y nos han abierto los ojos, sobre el trabajo realizado en los centros educativos en estos últimos meses. Si se realizara una evaluación externa objetiva sobre los contenidos trabajados en las casas en el último trimestre, probablemente nos llevaríamos una sorpresa bastante desagradable.
Haciendo una reflexión sobre esos resultados, tenemos que partir siempre de la situación vivida por toda la sociedad española con el confinamiento por el COVID-19 y sus consecuencias para todo el ámbito estudiantil preuniversitario.
Hagamos una pequeña línea del tiempo con los sucesos vividos y medidas que se fueron tomando a lo largo de los cuatro últimos meses de curso académico que de forma no presencial, los alumnos se fueron preparando por su cuenta en casa vía on line (el que podía) y con la ayuda a distancia de sus profesores, que no podían realizar el seguimiento diario presencial deseado, puesto que el feedback que recibían a través de pruebas y ejercicios de los alumnos diariamente, en la mayoría de las ocasiones no se correspondían a la realidad de los conocimientos adquiridos, pues la picaresca entró en juego para entregar todos los ejercicios, exámenes y trabajos, utilizando todas las ayudas externas que podían y estaban a su alcance, era la ley de la supervivencia y lo que interesaba realmente a muchas familias,  a la administración y ante los medios de comunicación era que los alumnos aprobaran, no que aprendieran.
Estamos seguro de que este confinamiento, ha tenido unas consecuencias muy graves para los alumnos, pues las enormes lagunas con las que se han quedado son importantes, pero más importante aún, son los hábitos de trabajo y esfuerzo personal que se han perdido y que hay que volver a retomar.
A todo lo anterior se le añade que los docentes han tenido que jugar con unas reglas de juego dictadas por las administraciones educativas, muy dirigidas para que todo el trabajo que se realizó durante el tercer trimestre por los alumnos se orientara exclusivamente a recuperar a los alumnos con evaluaciones suspendidas del primer y segundo trimestre, y que los contenidos explicados durante el último trimestre de la manera que fuera, jamás incidiera su nota para suspender, pero si para redondear al alza. Además de tener que reinventarse cada docente con los medios que tuvieran a su alcance para llegar a sus alumnos y de aquella manera, hacer un seguimiento de todos y cada uno de los mismos.
Además, tenemos que añadir que el confinamiento nos ha hecho a todos que perdamos los papeles y que para los alumnos que debían tener una rutina de trabajo diaria, el esfuerzo cayó sobre todo en las familias, para que sus hijos se levantaran y estuvieran delante del ordenador y en las etapas de Infantil y primer ciclo de E. Primaria donde los padres tenían que acceder a los blogs elaborados por los profesores y tenían que compaginar el teletrabajo en casa, con la atención, supervisión, control y entretenimiento de sus hijos.
En conclusión, ¿qué panorama es el que nos encontramos con todos estos ingredientes?
Pues la verdad es que cada familia vivió su propia historia, algunas con final feliz y otros por desgracia, no fueron tan afortunados, pero la realidad era que los alumnos debían seguir al pie del cañón y los profesores reinventándose y cumplir con los plazos que marcaban las administraciones educativas como cualquier otro curso normal hasta 1º de Bachillerato en el que el curso académico finalizaba en la tercera semana de junio, salvo los alumnos de 2º de Bachillerato, que se decidió aplazar los exámenes de acceso a la universidad para julio, cuando tradicionalmente lo realizaban en la segunda semana de junio.
Todos los docentes comentan que el próximo curso si la situación tiene cierta normalidad, se tendrá que recuperar contenidos, habilidades y destrezas necesarias para el proceso educativo de los alumnos. En caso de que se produzca una situación análoga a la que vivimos con el confinamiento, va a ser un desastre para todos, pues no es lo mismo tapar agujeros, que tapar océanos y eso sería muy difícil de superar, de ahí que hayamos llamado a determinados alumnos los de “la generación COVID 19”, por las lagunas académicas que se van a encontrar y que con las facilidades para aprobar que se dieron, no se volverán a repetir.
Esto ha sido como aquel dicho que dice: “a rio revuelto, ganancia de pescadores” y es que ha habido alumnos de secundaria que jamás pensaron en el primer trimestre que iban a tener un curso aprobado en su totalidad, pero que gracias a todas las ayudas y repescas que se hicieron, consiguieron que aprobasen, aunque no quisieran. El índice de repetidores en los estudios preuniversitarios ha bajado a unos niveles jamás visto en nuestro sistema educativo.
Con todo lo dicho, tenemos que hacer una reflexión final sobre los resultados de este final de curso, pues para sacar el mayor rendimiento de los estudios a un sistema de trabajo autónomo, debemos tener todas las personas del ámbito educativo otra forma distinta de concebir la educación, con otro tipo de formación más responsable por parte de docentes, alumnos, familias y administraciones educativas y con las herramientas necesarias para poder desarrollar el trabajo asignado.
Hay demasiadas preguntas y pocas respuestas, lo mismo que se ha estado haciendo a lo largo de estos últimos meses y con esta situación inesperada y de caos para todos, en el que nadie tiene respuestas coherentes. Nos viene por delante un mar de dudas enorme ante el inicio del próximo curso escolar y no se puede repetir la misma situación educativa llena de incertidumbres para todos los protagonistas.


viernes, 22 de mayo de 2020

LAS LECCIONES DEL CORONAVIRUS EN LA EDUCACIÓN


Obra "El Calvario" de Rogier van der Weyden se encuentra en el Monasterio del Escorial.Óleo sobre tabla fechado entre 1457 y 1464
 Artículo publicado en la sección de opinión el viernes 22 de mayo en el priódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria

Con todo lo que hemos estado viviendo durante este confinamiento, no nos podemos quedar con la sensación de que solo ha sido una pesadilla, de la que estamos deseando despertarnos.
Me duele pensar que tanto esfuerzo y sacrificio realizado por los equipos docentes, para que los alumnos no solo pudieran seguir con el proceso de enseñanza, sino también para mantener una rutina diaria de trabajo y monitorización, nos va a quedar al final como una anécdota para que lo podamos contar a las generaciones venideras.
Estoy convencido que cada uno de nosotros hemos pensado que todo nuestro trabajo siempre se podía haber realizado de otra forma, o mejorarlo si se hubiera hecho de esta forma o de otra. Esa pregunta es la que debemos responder cada uno y aprovechar esta oportunidad para pensar que aspectos podemos mejorar o replantearnos de cara a nuestro trabajo y en nuestro caso como docentes en el futuro de la enseñanza, aprovechando esta experiencia que nadie quiso, pero que la tenemos.
Está claro que cuando consigamos vencer a esta pandemia y volver a la normalidad, yo espero que el mundo, la sociedad y la educación que nos espera, sea totalmente distinta a la que dejamos antes del 11 de marzo de 2020. Tenemos que replantearnos la forma de trabajar con los alumnos y los objetivos que pretendemos que se alcancen a lo largo de los cursos escolares en cada una de las materias y etapas. La tecnología que ya la teníamos, pero que la usábamos de una forma distinta a la empleada en la actualidad, ha venido para quedarse de forma permanente en todas las enseñanzas y de su destreza y manejo para que los alumnos mejoren su rendimiento, y aprendan lo que realmente necesitan según su proyecto educativo, eso será lo que marque la diferencia en cada uno de los centros. Ya no vale decir que en mi colegio todos tenemos portátiles, sino los proyectos que se hagan y en el uso racional que se haga para obtener el mejor rédito en la educación de cada alumno.
Independientemente de las secuelas económicas que vamos a padecer en los próximos meses, por el gran parón en la economía a nivel mundial, tenemos que tomar una postura muy seria sobre la forma de trabajar con los niños en el futuro, no será estar delante de un ordenador o un libro para cubrir lo que marca el BOE, sino que debemos redefinir las necesidades del futuro en el mundo laboral, social y cultural y ver cómo podemos aplicar todo lo que hemos aprendido de esta experiencia y también todo lo que nos gustaría mejorar en la forma de enseñar a nuestros alumnos.
Después de ver el trabajo realizado con toda la mejor intención y dedicación, está claro, que en algo nos hemos equivocado tanto las instituciones, familias como docentes, cuando no hemos sido capaces de inculcar una responsabilidad individual de forma generalizada a toda la sociedad, cuando vemos cuáles son las prioridades a nivel general y que los alumnos en esta situación de confinamiento, solo se ponían delante del ordenador (el que lo tenía), para seguir las clases, porque sus padres les obligaban a levantarse día tras día, y se ponían delante de las pantallas (los que lo hacían) de cualquier manera, o ni siquiera se ponían por comodidad para que sus profesores no los vieran, da la sensación que solo vale el aprobado y la coerción,  no el aprendizaje real para avanzar y mejorar.
Qué valores podemos transmitir a nuestros hijos, si les permitimos durante el confinamiento y fuera del mismo, que hagan lo que quieran, cuando quieran y cómo quieran, por supuesto que existen excepciones, pero por desgracia son las menos
No quiero entrar de forma profunda en las distintas normativas emanadas por las administraciones educativas para intentar remediar puntualmente este curso los resultados académicos de un sistema educativo caduco y en decadencia, que no tiene nada que ver con la realidad y la demanda de esta sociedad, las tiritas son buenas para heridas pequeñas. Para las estocadas en órganos vitales hay que operar y establecer tratamientos drásticos para que se pueda curar al paciente, no vale la pena mantener al paciente en la UCI, viendo cómo se van deteriorando los órganos hasta que muera.
Hemos aprendido mucho de esta situación nueva de confinamiento, en el ámbito docentes, hemos aprendido que “querer es poder”, si tenemos la necesidad de comunicarnos con nuestros alumnos, buscamos los medios para llegar a alcanzar nuestros objetivos. Lo importante son nuestros alumnos y su crecimiento como personas, lo que nos gustaría es que esa premisa fuera igual de importante para sus progenitores y que para educar hay que estar siempre de acuerdo los adultos y consensuar cuando se tiene capacidad de asumir responsabilidades.
También hemos podido comprobar cuáles son las limitaciones del ser humano ante situaciones extremas como ha sido este confinamiento y como reaccionamos de forma desmesurada, cuando no tenemos presente físicamente a la persona con la que puedo tener puntos de desencuentro y se llegan a perder los papeles, haciendo descalificaciones impropias y viendo fantasmas, cuando con una simple comunicación directa y efectiva, hubiera eliminado malos entendidos, este aislamiento nos ha vuelto locos a todos. La soledad e incomunicación que hemos sufrido han generado dudas, inseguridades y a veces recelos con los propios compañeros de trabajo. Que daño hacen los grupos de WhatsApp en cualquier momento y ahora más que no te dejan contrastar sus verdades malintencionadas.
Si las relaciones en el ámbito laboral en una situación normal ya son complicadas, en esta situación de confinamiento son mucho peores por la falta de accesibilidad de las personas. Realmente todo esto nos demuestra lo débiles que somos y las distintas formas de entender los valores y sus prioridades.
En una situación de crisis económica, en donde se han ido perdiendo las conquistas alcanzadas con esfuerzo y trabajo, los únicos principios que prevalecen son la supervivencia y seguridad del grupo, todo lo demás son añadidos que se irán sumando a medida que se vaya recuperando la economía.



martes, 21 de abril de 2020

TODOS LOS ALUMNOS ESTÁN APROBADOS, MIENTRAS NO DEMUESTREN LO CONTRARIO

Pintura de August Macke la joven de la chaqueta amarilla acuarela de 1913 Ulmer Museum


Artículo publicado el 21 de abril de 2020 en la sección de opinión del periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria


Para mi “todos los alumnos están aprobados, mientras no demuestren lo contrario”, era la frase con la que iniciaba el primer día de clase con los alumnos, incluso les añadía que con nota de sobresaliente.
La filosofía del esfuerzo desde edades tempranas es la que nos hace que, con el paso del tiempo, nos ayude a sobrellevar el nivel de trabajo con el que tengamos que afrontar en nuestra vida laboral futura, pues nadie regala nada y cuando lo hacen las contraprestaciones suelen ser muy caras.
Hoy en día estamos inmersos en una situación que ni las mentes más prominentes podían atisbar, ni el 10% de lo que estamos viviendo con esta pandemia mundial, en donde los renglones por los que tenemos que escribir cada día, cambian de sentido y nos tenemos que amoldar a ello y experimentar, pues no tenemos la vacuna milagrosa que todo lo cura.
Es lamentable ver como enferman y mueren un número muy importante de personas, sobre todo mayores de edad, que han sido nuestros referentes, nuestros guías y maestros, a los que en su día tuvimos en el pedestal que se merecen y ahora en la última etapa de su vida, en estos momentos a ellos les ha tocado lo peor. Me duele ver el dolor de las familias que no han podido despedir a sus seres queridos, me duele la insensibilidad ante tanta desgracia y su manipulación por determinados partidos políticos. Con una crisis económica de caballo que se nos avecina y que nadie sabe cómo terminaremos de ella.
En medio de todo esto, tenemos a los estudiantes preuniversitarios que, dependiendo de las distintas etapas educativas, les podrá repercutir en mayor o menor medida en lo que pueda afectar a su futuro inmediato de acceso al Bachillerato o a la Universidad. El resto de las etapas también preocupa, pero está claro que con la que tenemos ahora, los conocimientos si no los he aprendido hoy, mañana los necesitaré y tendré que estudiarlos. Lo importante es que en este período se haya seguido produciendo una rutina de trabajo diario y esfuerzo personal desde casa, para que nuestra cabeza siga funcionando y creando.
Todos agradecemos cuando llegan las 20’00 horas a esos sanitarios, cuerpos y fuerzas de seguridad, dependientes de establecimientos de productos de primera necesidad, personal de limpieza y un largo etc.… nadie recuerda a esos niños que estoicamente desde casa, siguen haciendo un gran esfuerzo con la colaboración de sus familias para mantener la atención e interés a lo largo de un día tras otro desde el inicio y sin saber cuándo se va a acabar. Muchos delante de un ordenador, o peor aún aquellos que no disponen de medios suficientes para poder desarrollar los contenidos previstos.
A los profesores, como al resto de la sociedad nos cogió con el paso cambiado y han tenido que reinventarse para dar en la medida de sus posibilidades lo mejor de cada uno, suponiéndoles mucho más trabajo y dedicación que la que venían realizando durante el curso escolar en condiciones normales.
A las familias que han estado detrás de cada uno de sus hijos para que no pierdan ni el ritmo, ni los contenidos que se deben trabajar y además alientan de forma constructiva a sus hijos.
Probablemente en estas fechas estemos ya un poco cansados de la película que estamos viviendo y deseamos salir del cine para vivir nuestras vidas.
Está claro que lo primero es la salud y contra eso, no podemos pedir peras al olmo, hasta que no tengamos las garantías plenas de poder realizar una “vida normal” , si podíamos llamar vida normal a lo que nos habíamos acostumbrado de consumismo por una mal entendida globalización, dejando de lado a las personas y dónde lo único que prevalece es la economía, y lo cierto es que si no funciona dicha economía tal y como la conocemos, se paraliza todo.
Retomemos el tema que originó la presente reflexión con todo este panorama que se ha expuesto, consideramos en una escala de valores que los niños aprendan hoy, lo que pueden aprender mañana. Estamos en una situación excepcional y se tendrán que tomar las medidas necesarias, para que pueda aplicarse el principio de igualdad de oportunidades a todos los estudiantes y con ello, digo que se debe ser lo suficientemente sensibles con cada unos de los casos de los alumnos en las presentes circunstancias.
Soy consciente que en la viña del señor nos encontramos de todo, desde el alumno brillante, responsable y preocupado por su formación de forma permanente, con una familia detrás que ha favorecido ese tipo de educación desde temprana edad, luego tenemos al alumno medio, que solo trabaja cuando le ve las orejas al lobo y es de los que remonta en la 3ª evaluación y que por mucho que sus padres le insistan para que cambie de método de trabajo, él va a hacer siempre lo que le de la gana, porque le ha funcionado hasta la fecha, hasta que deja de funcionar, además tenemos otro grupo de alumnos desmotivados, que pasan tres pueblos de los estudios y de su entorno familiar, que creen que sus padres están ahí para sacarle siempre las castañas del fuego hagan lo que hagan, y les justifican cualquier acción o fechoría que realicen y son los padres que se sorprenden de lo que les dicen los profesores de las acciones malas que hace su hijo en el colegio, y que nunca dan crédito a lo que dicen en el colegio, porque en casa es un santo y en estos meses se han transformado en casa en un auténtico Lucifer.
¿Cómo podrá repercutir cualquier medida que se decida en estos momentos con los alumnos, salvo en los cursos que marcan un cambio radical en la vida de ellos?
Sinceramente, al gran grupo lo que les va a afectar, es que van a poder contar a sus hijos que estuvieron confinados en casa durante la primera gran pandemia mundial, ante las posibles que puedan venir.
Al ser humano cuando se ve afectado de forma impactante y ve en ese momento lo que está ocurriendo, siempre se hace propósito de enmienda de que va a cambiar su vida y prioridades y hace una especie de promesa que será de forma distinta hacia los demás. La realidad es que cuando comience todo a funcionar y nos volvamos a ver metidos en la rueda, nos vamos a olvidar de lo mal que se pasó y de aquel vecino que nos saludaba a las 20’00 horas y que luego nos veremos por la calle y nos dará vergüenza saludarle y pararle para agradecerle lo bien que nos hizo sentir cuando nos saludábamos, porque nos hacía sentir más humanos.


jueves, 12 de diciembre de 2019

MOTIVACIÓN DE LOS ALUMNOS POR EL ESTUDIO O RUTINA PARA QUE APRUEBEN



Artículo publicado en las páginas 36 y 37 del periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria el miércoles 11 de diciembre en la sección de opinión.


Resulta triste ver como personas jóvenes que se dedican a la docencia de adolescentes, tiran la toalla de forma inmediata, cuando comprueban que los resultados obtenidos por sus alumnos en las pruebas de su materia han sido muy malos.
Se hacen reflexiones finales sobre qué es lo que ha ocurrido para llegar a esos rendimientos tan negativos y lo primero que les viene a la cabeza es: “he hecho todo lo que sé hacer para motivarlos y que interioricen lo esencial y no lo consigo” quedándose con esa reflexión y la consecuencia inmediata de ello es, “pues no voy a sacar nada de estos alumnos, no trabajan en clase, no trabajan en casa, tienen otros intereses, las familias no colaboran, ni hacen seguimiento de sus hijos”, y lo más triste es que llegan a hacer en algunos casos un diagnóstico definitivo desde los primeros meses de curso, sentenciándolos a una repetición para junio del año siguiente.
Esta imagen del docente que se ha descrito da la impresión de que lo que estamos rememorando es de alguien que trabajaba hace 50 años impartiendo clases, sin medios, ni recursos suficientes para atender las peculiaridades de sus alumnos, dependiendo exclusivamente de su experiencia, conocimientos y buen hacer. Duele ver escrito en webs o en publicidad de centros educativos, como muchos se llenan la boca diciendo que realizan una enseñanza personalizada, atendiendo a cada uno según sus necesidades sin que eso sea cierto, entonces recuerdo aquello que dice que “el papel aguanta todo lo que le pongas” siendo la realidad del día a día muy distinta y es que tenemos que partir de lo que son, y asumir que los adolescentes hoy en día tienen otros intereses muy distintos a los contenidos que está explicando un profesor en cualquier aula de la ESO, puesto que los chicos no ven, o no hemos sido capaces de que vean una relación directa e inmediata de los conocimientos que se explican durante la clase, con su eterna realidad y la aplicación de los contenidos a su mundo, para poder transformarlo.
Hay que lograr captar el interés necesario de los alumnos para que aprendan, no solo para que aprueben, que, por otro lado, sería el deseo de muchos docentes, para que sus alumnos supieran responder a las preguntas que les hacen en los controles, y de esta manera consigan cubrir el expediente con el porcentaje de alumnos que aprueban su materia. Pero realmente ¿se ha comprobado que han aprendido algo de lo que queremos que interiorice?
En muchas ocasiones habrá que seleccionar objetivos para trabajarlos de la forma más adecuada y profunda en determinados cursos y no estar repitiéndolos constantemente a lo largo de los cursos.
Un docente, como cualquier otra profesión tiene la obligación de estar reciclándose en todos los aspectos relacionados con la profesión.
Un título universitario no da patente de corso para que se haga en el aula lo que cada uno considere, alegando libertad de cátedra.
Libertad de cátedra significa que la meta que cualquier docente debe alcanzar es estar en permanente formación, ya que nunca es suficiente para que nuestros alumnos aprendan.
Si queremos unas futuras generaciones preparadas, debemos cambiar muchas formas de trabajar con los alumnos y eso no significa que nos tengamos que vestir de faralaes, o que tengamos que aprobarlos a todos por asistir a clase, hay que buscar la forma entre familia y docentes de hacerles ver a los chicos, que el valor del esfuerzo y sacrificio personal son indispensables para conseguir lo que se desea, y que sin estudio y dedicación no se consigue nada.
Pero ¿se ha enseñado a los niños a valorar el esfuerzo y trabajo personal para conseguir unos objetivos? Hay que decir que en esta sociedad hedonista e inmediata que nos está tocando vivir, está resultando muy complicado que las familias apoyen a los centros educativos la exigencia por el cumplimiento de unas normas mínimas para el desarrollo de cualquier actividad, pues dicen que no quieren ver a sus hijos sufrir viéndolos sentados con un libro o un portátil o con un cuaderno trabajando o estudiando, o que tengan que asumir un reglamento de organización interna.
Seguimos preguntándonos: ¿cómo podemos hacer desde todos los ámbitos, para que los hijos interioricen el valor del esfuerzo, trabajo personal, el estudio individualizado, si las familias no apoyan esta labor docente? Los años de aprendizaje preuniversitario pasan muy rápido y sus hijos tendrán que afrontar realidades en todos los ámbitos, para las que no están preparados, surgiéndoles frustraciones innecesarias como consecuencia de esa falta de capacitación.
Pero volviendo al tema inicial, ningún docente puede escudarse en cómo están viviendo los jóvenes ahora con la cantidad de elementos distractores que tienen a su alrededor, que no ayudan en nada para conseguir que APRENDAN además de aprobar.
Es complejo lo que se pide y por supuesto que requiere de más tiempo de trabajo individual con los alumnos, para conseguir que entiendan que la única manera de tener un futuro real es con conocimientos y estudio, y eso es trabajo diario. Que asuman los jóvenes, que nadie va a regalarles un título que le abra las puertas para acceder al mundo laboral o alcanzar cualquier meta que se propongan.
Los docentes jamás deben tirar la toalla, aunque a veces tengan la sensación de estar quemados por infinidad de situaciones que no tienen que ver con la enseñanza, pero que confluyen en el ámbito docente.
Somos lo que hemos vivido y hemos aprendido con los estudios y la experiencia. Si mis conocimientos son limitados y mi experiencia también, difícilmente podremos dar más alternativas a situaciones complicadas.
Me entristece que haya docentes que vean el futuro oscuro, por sus malas experiencias con los resultados de sus materias con los alumnos, porque hay aspectos que no llegan a controlar y le superan en el ámbito personal y profesional, siempre debe haber una segunda oportunidad.
Controlar un aula hoy en día no es como antaño, cuando los niños iban al colegio con el miedo en el cuerpo hacia el profesor y su palabra era ley, y las familias acataban cualquier decisión que viniera del colegio. Hoy en día ganarse el respeto de los alumnos se vincula a la actitud positiva que tenga la familia ante el colegio y los estudios de su hijo, a que el profesor sea un experto en su materia, que sea conocedor de estrategias para enseñar la asignatura con dotes en comunicación, de aprendizaje, de motivación y de técnicas pedagógicas-didácticas, que sea conocedor de cómo aprenden los estudiantes, con conocimiento curricular de la materia que transmite, preocupado por la formación continua, crítico y comprometido. Implica ser un líder positivo, con conocimientos y destrezas que hay que estar demostrando cada día.
También tenemos que decir que los docentes son seres humanos con sus defectos y sus virtudes, y que dentro de la profesión está el valor de la humildad y el saber reconocer los errores cuando se equivocan y que saben pedir perdón o que comparten situaciones con sentido de humor y que en el desarrollo de una clase, están lo suficientemente preparados para detener la exposición y llamar la atención cuando se observa una falta de respeto en el aula de alumnos o hacia el profesor con la energía comunicativa necesaria para enseñar algo a los alumnos que no viene recogido en los libros de texto y que trata de los valores necesarios que debe tener cualquier persona para alcanzar una meta.
La verdad es que tengo la esperanza en que todo cambie para bien y se le dé a la EDUCACIÓN la importancia que se merece. A todos se nos llena la boca cuando tratamos ese tema y siempre echamos la culpa a los políticos, sin ver que la sociedad la construimos entre todos y que no se puede bajar la guardia, el futuro es ahora y el tiempo está en nuestra contra.



miércoles, 15 de mayo de 2019

MIEDO A LOS HIJOS


Camila Gonzaga, condesa de San Segundo y sus hijos. Óleo sobre tabla 1535-1537. Obra de Parmigiannino, Girolamo Francesco María Mazzola (y taller). Museo Nacional del Prado

Artículo publicado en la sección de Opinión del periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria el miércoles 15 de mayo de 2019


Llevamos décadas viendo como nuestra sociedad que pensábamos estaba perfectamente amueblada para cada una de las situaciones externas que se pudieran producir y que todo estaba perfectamente articulado para solucionarlo ha decaído como un ídolo de barro. Todos hemos cambiado, nada es permanente.
Hemos evolucionado con el paso de los años de una estructura autoritaria, rígida donde se pensaba que cada cosa  tenía su sitio y que cada persona ocupaba un lugar determinado en función de su nacimiento y de la formación que podías adquirir con los años, a un sistema totalmente distinto. Transcurre el tiempo y vemos como los cambios que se han ido produciendo en nuestra sociedad han transformado todo, y aquel  autoritarismo impuesto y aceptado de aquella manera por las mayorías que controlaban el sistema y generaban un “equilibrio fijo” en todo y en todos, lo aceptábamos convencidos  que eso era lo mejor.
En el mundo occidental, dejamos las guerras y los conflictos violentos y eso nos dio una perspectiva de seguridad y futuro que no existía por el miedo permanente a conflictos entre iguales, alcanzando con la libertad y democracia  otra vida, otro mundo, que a pesar de todos los beneficios que ha podido entrañar para las personas, ha producido reacciones contrarias al sistema autoritario anterior, generando en todos los ámbitos una permisividad que antes era impensable en todos los ámbitos de nuestra vida, la política, la educación, la sociedad, la familia, la forma de ver la pareja, la alimentación, etc. Como señala Jaime Barylko en su libro El miedo a los hijos: “El siglo XX ha sido el siglo de la permisividad. Por miedo a establecer principios, por miedo a coartar libertades. por miedo a moldear la vida del hijo como si fuera arcilla maleable. Por miedo a comprometerse. Por miedo y no por bondad surgieron los padres permisivos”
Pero esa  reacción de permisividad en las familias tiene sus consecuencias negativas, cuando no se tiene claro el sentido de las decisiones y del porqué se hacen las cosas, todo es relativo y lo más sencillo para muchos es no fijar normas para nada, no establecer prioridades relacionadas con los principios más básicos de la supervivencia de la especie, hasta que la situación revienta en sus manos.
Consideran los límites y la autoridad como algo desfasado y trasnochado, en donde el primer principio que se establece en la educación de sus hijos es la felicidad por la felicidad, sin formar otros aspectos tan necesarios como es el espíritu de sacrificio, el esfuerzo personal, la capacidad de superación por uno mismo, capacidad de ponerse en lugar de los demás, el cariño, el vínculo de familia, etc.
Son tantas cosas que están adoleciendo las familias en la actualidad en cuanto a la educación de sus hijos, que de manera directa o indirecta, están reclamando a las instituciones educativas aspectos que ellos no son capaces de llevar a cabo por debilidad o desconocimiento y porque no son capaces de hacer lo que deberían hacer ellos en sus casas.
Siempre decimos que los colegios ayudan, pero no hacen milagros, las familias son las que deben coger de nuevo el toro por los cuernos y plantearse desde el principio las que se proponen tener hijos, qué es lo que quieren para sus descendientes y cuál va a ser el papel que van a jugar cada uno de ellos en la educación de sus hijos.
De nada sirve que se quieran tener hijos, si luego no le dedican la atención, cariño y tiempo necesario por parte de ambos progenitores, de nada sirve una  dedicación laboral más intensa por parte de los padres, si luego no atienden a sus hijos como merecen. El tener más dinero y todo lo que eso entraña, por supuesto que ayuda, pero la obsesión  por acaparar riquezas materiales en detrimento del tiempo de compartir-educar a tus hijos, ese tiempo y vivencias jamás se recuperará y eso se nota e influye sobre todo en los primeros 25 años.
Me duele pensar cuando veo a jóvenes con actitudes de falta de respeto hacia sus iguales, los padres y personas mayores, solo quiero reseñar que ellos serán los que tengan que dirigir este nuestro país, ciertamente la culpa no es solo de ellos, fundamentalmente de los que han dejado que se llegue a esta situación.
Me duele ver como hay familias que pierden el tiempo innecesariamente en aspectos superfluos que no ayudan en nada al desarrollo de la persona, y se les pone en sus manos artilugios como los Smartphone que son auténticas bombas de relojería cuando se les entrega para entretenerlos sin más con acceso a unas redes sociales, cuyo inadecuado uso genera problemas de acoso, ofensas personales y faltas de respeto que muchos niños no logran superar, y que luego cuando llamas la atención tanto padres como a los hijos lo justifican diciendo “son bromas, tan solo son niños”, pero el daño y sus consecuencias están hechas.
Me duele comprobar como los padres ceden a todas las peticiones superfluas de sus hijos por no saber decir “NO” a tiempo y por evitar ejercer de padre adulto que cede a cualquier petición absurda y a destiempo que no ayuda a la formación y educación del hijo como persona.
Me duele contemplar como los padres piensan que ayudan a sus hijos defendiendo sus actuaciones violentas y de ofensas a los amigos o a sus compañeros de clase y cuestionan las decisiones de los docentes, sin dudar de las acciones y actuaciones nocivas de su hijo.
Lo más triste de todo esto, es que esos hijos que han sido educados en el exceso de permisividad, sin control, sin valores ciudadanos, que siempre abanderan  sus derechos, pero que nunca recuerdan sus obligaciones. El sistema en el que vivimos a medida que vayan creciendo estos niños sin normas, ni principios van a ir dejándolos de lado y quedarán marginados, porque nadie quiere estar  con los déspotas, caprichosos maleducados y ese panorama que antes  podía producirse de forma esporádica en un sector de la población, nos vamos a encontrar en el futuro como un grupo numeroso de jóvenes que los etiquetaremos  como los “hijos de la nada”.