La Torre de Babel (1563) de Pieter Brueghel el Viejo pintado al óleo. Actualmente en el Kunsthistorisches Museum de Viena.
Artículo publicado el martes 7 de abril de 2026 en la página 27 de la sección de Opinión del periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria.
Día tras día nos llegan
noticias sobre incidentes cada vez más graves en las aulas por parte de alumnos
y familias hacia los docentes. Hemos llegado al extremo, que el reconocimiento
al cuerpo docente no solo hay que ganarlo cada día con los alumnos, familias y
compañeros, sino también hay que legislarlo, para evitar que se sigan
produciendo faltas de respeto, agresiones verbales y físicas por parte de
algunos alumnos y de algunos familiares.
Debemos partir de una realidad
y es que nuestra sociedad y las familias han cambiado tanto, que el sentido y
valor del respeto hacia los demás lo pone cada uno según le interese, sentando
el precedente de que las jerarquías solo sirven si me interesa su decisión, porque
los que debían sentar las bases para el futuro de la sociedad, que son las
familias e instituciones, no han sabido hacerlo en estos últimos 50 años, por
desconocimiento e ignorancia intencionada.
Los docentes deben tener claro
que los límites los pone cada uno en su aula y el respeto se consigue día a día
a lo largo de toda la vida profesional, independientemente de las etapas que se
estén impartiendo. Las familias deben asumir que la educación de sus hijos se
inculca en casa, que sus hijos van a los centros educativos para aprender y que
los niños tienen que tener interiorizado desde casa una serie de conductas de
respeto hacia los compañeros y los docentes que les va ayudar a relacionarse en
la sociedad.
Ahora en Canarias se está
debatiendo sobre un borrador de ley de la autoridad del docente. Una ley que lo
único que va a hacer es generar un grano más de crispación a todos los
conflictos diarios que se producen en el aula. ¡Por Dios!, que vuelva el
equilibrio, el sentido común, el diálogo y el consenso a todos los espacios en
donde existen grupos humanos. Ya está bien de crispación, odio y violencia.
En teoría todos sabemos lo que
está bien y lo que está mal, y si no es así, lo volveremos a explicar, a lo
mejor ese día ni el padre, ni el hijo estaban en casa. El desarrollo de los
límites que permite cada docente en su aula, es decisión suya. Las familias son
las responsables de poner los límites a sus hijos que les sirvan para
relacionarse con su entorno cercano y fuera del hogar.
Toda la vida hemos tenido
alumnos conflictivos en las aulas con unas cargas familiares, sociales,
económicas y emocionales que el centro educativo jamás va a solucionar y mucho
menos el docente que tiene la obligación de formar y educar a un grupo de
personas. El problema es cuando en una misma clase se forma un grupo de presión
en el aula que es capaz de reventar cualquier iniciativa de aprendizaje diseñada
por el profesor y que cuando se cita a las familias no responden para poder
corregir esas dinámicas de mala educación hacia el docente y el resto de los
compañeros, amparando las conductas disruptivas de su hijo o de su hija.
Pero también sabemos que
existen algunos docentes que deberían dedicarse a otro oficio, porque no saben,
ni quieren reconducir situaciones conflictivas que se producen en el aula y que
a veces los gestos, las palabras y las decisiones injustas hacen que se
produzca un conflicto que jamás se debió producir, por carecer de estrategias
para una convivencia efectiva. En estos casos, ninguna ley podrá solventar
durante un curso escolar una relación mal avenida entre el profesor y sus
alumnos. No es la primera vez que escucho decir a un profesor lo cómodo que se
siente dando clase a un grupo determinado, o lo que puede odiar entrar en una
clase, porque sabe que cualquier cosa que diga va a tener un conflicto.
Como siempre digo, nadie dijo
que enseñar y educar a los alumnos fuera una tarea sencilla. Primero te tiene
que gustar la educación y vivirla con pasión y no ver cada día como un suplicio
esperando que llegue el fin de semana o las próximas vacaciones y una carga el
tener que acompañar a los alumnos en su proceso de aprendizaje.
En la España que vivimos todo
está judicializado y la propuesta que se está planteando en el Parlamento de
Canarias va en ese sentido, en equiparar al docente público con los Cuerpos y
Fuerzas de Seguridad del Estado tendrá consecuencias para todos los componentes
de la Comunidad Escolar. ¿Y después de la Ley qué? ¿cuál será el siguiente
paso? En otras comunidades esta Ley ya lleva implantada hace años y sus
resultados no son para tirar cohetes. Vale que la realización de expedientes
sancionadores a los alumnos muy burocratizados y con unos plazos muy largos de
ejecución y cumplimiento, la efectividad inmediata del aprendizaje corrector se
diluye. Tenemos un sistema demasiado garantista y eso trae unas consecuencias
que no van a estar al gusto de todos.
La realidad es que lo centros
educativos tienen que trabajar con los alumnos que les lleguen, cada uno de su
padre y de su madre. Lo que falta es que realmente se forme a los docentes dándoles
estrategias efectivas para poder solventar las situaciones conflictivas antes
de que se llegue al insulto, al conflicto y a la falta de respeto en el aula o
en cualquier parte del centro educativo. Para ello hace falta una verdadera
labor de equipo docente y no docente de ir todos a una. Lo importante es
prevenir, para evitar tener que curar.
Existen normas de convivencia
en donde se contempla todo, porque de lo contrario, los alumnos y sus familias
se agarran a clavos ardiendo para justificar a sus hijos, cuando se saltan
Normas de Convivencia. Esas normas solo son leídas por las familias cuando
sancionan a sus hijos por pillarles con el carro de los helados.
Una sociedad democrática y
libre se consigue con unos docentes preparados no solo en las materias
curriculares que deben impartir, sino en transmitir la verdadera educación que
hará evolucionar a nuestro país.
Si esperamos a que todo lo
solucione papá Estado, nos dirigiremos a la larga hacia un sistema en donde
solo existan en las aulas autómatas, sin la capacidad de la espontaneidad
propia de cada edad.
Queda muy bien de cara a la
galería que las instituciones cercanas al ámbito educativo pidan que se vuelva
a la “auctoritas moral” y “líder” fortaleciendo el “liderazgo
pedagógico”, yo les diría que fueran ellos a las aulas para ver la realidad
que día tras día tienen que lidiar con alumnos que sus familias los mandan al
colegio por no tenerlos en casa, y porque muchas veces ni los aguantan cuando
llegan a la adolescencia y esta cada vez llega más temprano.
No debemos, ni podemos
ponernos una venda en los ojos con lo que está sucediendo en las aulas y lo que
nadie ha dicho es que los docentes necesitamos a las familias, como ellas nos
necesitan a nosotros, para remar en el mismo sentido en lo que se quiere educar
a su hijo.
Si se hubiera tenido más
diálogo constructivo en donde el eje de la conversación sea el alumno,
seguramente muchos de los conflictos desaparecerían. Cierto es que muchas
familias les tienen miedo a sus hijos y claudican con las cosas más
indispensables en la educación de sus hijos (puntualidad, responsabilidad,
higiene, control de la ira, respeto a lo ajeno, respeto a los demás, esfuerzo
personal, control de sus vidas y un largo etcétera).
Para educar a buenas personas
no hace falta grandes lujos, solo hay que estar con tus hijos y con tus alumnos
cuando te necesitan y eso es cada día, no de San Juan a Corpus.
_-_Google_Art_Project_-_edited.jpg)
